La Bátiz y los 84 años del Politécnico.

El fin de semana recibí la notificación de un inusual número de visitas al blog. Esta vez no era El almohadón de plumas, mi entrada más visitada y a la que muchos estudiantes llegan buscando un resumen de la novela de Horacio Quiroga para encontrar casi nada. Se trataba más bien de Adiós a otro profe, un breve relato alusivo al profesor de filosofía Héctor Joffre con motivo de su reciente deceso allá por 2009.

Al parecer con motivo del 84 aniversario del Instituto Politécnico Nacional, alguien compartió el enlace de mi entrada al grupo de Facebook del famoso CECyT 9, “La Bátiz”, donde quizá por efecto de la cuarentena hubo reencuentros y remembranzas.

Sobre mi escuela vocacional, considero que he escrito poco. La última vez que pisé la escuela fue en 2010 y desde entonces tengo una promesa pendiente de regresar algún día. Si lo consigo, seguro la encontraré irreconocible y lo haré sintiéndome un extraño. Aún así, cada vez que conozco a alguien que está estudiando ahí, pareciera que podemos hablar un dialecto común que ambos entendemos.

Algunas entradas han resultado bastante personales e incluso polémicas. En el caso de la entrada sobre el profesor Joffre, recuerdo que fue bonito toparme, inesperadamente, con una de sus sobrinas a la que yo curiosamente hacía alusión en el escrito, aunque sin conocerla (de hecho, la citaba como su hija). Además, recibí varios comentarios resaltando lo significativo que resultó el profesor en la vida de muchos de nosotros.

Pero de todas las entradas, hay una que siempre he arrastrado con cierta vergüenza, que más de una vez me he visto tentado a borrar y que conservo como recordatorio de lo fácil que podemos causar daño con las palabras. Se trata de Leyendas urbanas de Bátiz y giraba en torno a la figura del profesor Efrén Marrufo, cuyo asesinato en 2004 resultó muy sonado. Por si fuera poco, en mi escrito pasaba a “embarrar” a otro profesor al que conocía mucho menos. Aunque aquel escrito tenía la intención de establecer una protesta contra el acoso sexual y la corrupción dentro de las escuelas, honestamente manejaba tan a la ligera y con poco fundamento asuntos demasiado sensibles que se acercaba más al morbo y el chisme. Los comentarios de todo tipo no se hicieron esperar y me enseñaron, un tanto a la mala, el grave error de intentar juzgar a las personas tan superficialmente. El comentario de uno de sus hermanos en otro sitio me dolió profundamente. Era una persona con familia como todos nosotros y no tenía derecho a meterme en algunos asuntos. Me disculpé en algunos comentarios y de alguna forma quiero expresarlo abiertamente aquí de nuevo.

Dejar aquella entrada me ha permitido revisarla con ojo crítico y más madurez con el paso del tiempo. También es significativo evaluar los cambios que se han experimentado desde entonces sobre estos temas. Si la homosexualidad resultaba en aquel entonces un tema escandaloso entre los estudiantes, imagínese lo que sucedía si un profesor “salía del closet”, tono alarmista que aún parezco percibir en mi escrito original. Por otro lado, la cruel muerte del profesor fue clasificada como crimen por homofobia en un informe que presentaron los investigadores Alejandro Brito y Leonardo Bastida en 2009 y nos recuerda que aún existe mucho trabajo por hacer respecto a este tipo de violencia. Y por último está el tema del acoso sexual y el intercambio de este tipo de favores en las escuelas, que aunque no se ha logrado desterrar, me alegra ver que mientras en aquel entonces corría como secreto a voces y se disculpaba bajo muchas razones (algunos comentaron en aquel entonces que no podía hablarse de acoso o abuso porque aquellos ya no eran unos “niños”, sugerían que podía entenderse como algo consensuado o que un simple manoseo no podía ser tan grave), en la actualidad cada vez se tolera menos y se han abierto mucho más canales para que todas las voces puedan ser escuchadas. Esperemos que pronto logremos desterrar este tipo de prácticas que en su momento parecían tan normalizadas.

Hay un tema que a propósito he dejado excluido y que quizá un día que le haya dado suficiente forma abordaré: ¿existe una oportunidad de vida, de redención, para el abusador? Creo que en la actualidad es un tema que se minimiza y quien lo pone sobre la mesa se arriesga a ser etiquetado como enemigo de las víctimas. Para exiliar a este tipo de personas (y otras) que consideramos desagradables se ha puesto de moda el término “cancelar” y en cierta forma los matamos en vida. Pero ¿es lo mejor que podemos hacer con ellos? Algunos tienen características brillantes que han arruinado por un terrible error. ¿No hay posibilidad de devolverlos a la sociedad, al menos con determinadas limitaciones?

Películas favoritas: Pi, el orden del caos

«Por la mitad de la senda que corras, Ícaro», dice, «te advierto, para que no, si más abatido irás, la onda grave tus plumas, si más elevado, el fuego las abrase».

Dédalo e Ícaro, Las metamorfosis de Ovidio

Inicio una recopilación de mis películas favoritas de todos los tiempos. Advierto que todas van a contener spoilers (La RAE sugiere “destripes”, traducción totalmente inadecuada para México así que prefiero dejarlo así). Luego algunas reflexiones personales de qué es lo que las hace especiales para mi. De Pi ya escribí una entrada en 2007, esta podría verse como una segunda parte.

Sinopsis

Max Cohen es un matemático convencido de que los números son el lenguaje de la naturaleza y por lo tanto cree posible encontrar un patrón que prediga el comportamiento de la bolsa de valores. Aunque su interés es meramente científico, atrae la atención de firmas de Wall Street que ven un beneficio económico. La habilidad matemática de Max parece ser producto de mirar fijamente al sol cuando niño, pero junto con ello vinieron fuertes migrañas que lo han acompañado toda su vida y lo obligan a medicarse. Además, padece ansiedad social y algo de paranoia.

En una cafetería Max conoce a Lenny Meyer, un judío hasidista que le habla de la cábala y la búsqueda de mensajes secretos en el texto sagrado a través de claves numéricas (algo llamado gematría). Un día, Max tiene un momento de inspiración cuando trata de explicarle a Lenny la serie de Fibonacci. De inmediato regresa a casa a efectuar ajustes a su programa y ejecutarlos en la computadora; sin embargo, al tratar de imprimir los resultados la computadora se daña debido a que se funde el chip procesador. La hoja impresa contiene un par de predicciones absurdas respecto a la bolsa seguido de un misterioso número de 216 dígitos, lo cual Max asume como un “bug” (error informático) y terminan desechando la hoja.

A partir de ese momento hay una serie de revelaciones. El amigo y ex profesor de matemáticas de Max, Sol Roberson, que hace años atrás estudió el número π revela que también se topó un número de unos 200 dígitos y con esos “bugs” pero al final decidió retirarse. Sol le advierte a Max que debe hacer lo mismo antes de que la obsesión lo predisponga a ver cosas donde no las hay y que exponga su salud y su vida. Lenny le cuenta que su grupo religioso está en busca de un número místico de 216 dígitos. Max descubre que los valores absurdos que alcanzó a obtener se han cumplido en la bolsa y entre la imaginación y la realidad se da cuenta que hay gente persiguiéndolo. Por último, revisando el chip procesador de su computadora, descubre que hay una sustancia pegajosa que examinada al microscopio revela patrones (Sol le dirá después que al parecer los procesadores “toman consciencia” de su propia estructura antes de fundirse y antes de morir imprimen sus propios ingredientes).

Max acuerda compartir sus datos con una firma de Wall Street a cambio de un nuevo chip procesador para su computadora, también obtiene de Lenny un disquete con información de sus códigos secretos. Reconstruye la computadora, afina su algoritmo y vuelve a obtener los 216 dígitos justo antes de que la computadora quede congelada. Decide entonces copiar rápidamente los números a mano y luego memorizarlos. Ahora todos quieren el número.

Unos agentes de la firma de Wall Street persiguen y capturan a Max para obligarlo a que les entregue el número. Max es rescatado por Lenny y llevado a una sinagoga donde el rabino le explica que ese número es el verdadero nombre de Dios y que tenerlo les permitirá restaurar la comunicación con él e iniciar una nueva era mesiánica. Max rehúsa dárselos y les dice que solo le pertenece a quien le ha sido revelado.

Max logra huir y llega a casa de Sol solo para enterarse que ha muerto de un infarto. Sobre el tablero donde solían jugar Go, Max descubre la hoja con el número de 216 dígitos. Regresa a su apartamento, experimenta un fuerte episodio de migraña y decide destruir su computadora. Finalmente, frente al espejo de su baño quema la hoja con el número y se efectúa una trepanación con un taladro en una zona de su cerebro que ya había previsto antes (supuestamente donde se concentra el pensamiento matemático).

En la escena final vemos a Max recuperado sentado en el parque y mirando de nuevo la naturaleza. Su habilidad matemática se ha ido y su rostro por fin refleja cierta calma.

Reflexión

Personalmente siento que esta película define mi curiosidad por las matemáticas y la ciencia. Cuando la vi, allá por 1998, estaba cursando la vocacional y me apasionaban temas sobre fractales y teoría del caos, mismos que se abordan en la película. Además, a muchos de aquella escuela se nos asociaba con bichos raros, cerebritos, nerds incomprendidos y con dificultades sociales. Dicha escuela lo mismo ha dado genios como gente que perdió la cabeza, incluso mentes asesinas. ¿Cuántos de ellos estaríamos dispuestos a renunciar a todo eso por ser “más normales”?

Hay una parte religiosa en “Pi” que también se vuelve muy personal. Mientras que para algunos los patrones en la naturaleza son evidencia de que algoritmos simples pueden crear complejidad y por tanto eliminar a un ser supremo de la ecuación, en mi caso fue siempre lo opuesto. Admirar esta complejidad y otros sucesos presentes en la naturaleza inevitablemente me hacen pensar en algo mucho más profundo y sumamente inteligente. Estas ideas también son un eje vital del filme donde la ciencia y la religión, el rigor científico y la fe ocupan su lugar en la balanza; de hecho, el título en inglés incluye la frase “Fe en el caos”. Por otro lado, pensar que el nombre de Dios podría ser un número resulta cautivador porque mientras cada religión le llama de una forma, nos han dicho que los números son universales, inmutables. (Como curiosidad, algunos resaltan que el 216 = 6*6*6 y que 666 es el “número de la bestia” de acuerdo con el cristianismo).

Pero es sobre todo la búsqueda de la verdad y el precio que estamos dispuestos a pagar por ella lo que se vuelve el motor fundamental de “Pi”. No es casualidad que mientras más se acerca Max a la verdad, sus migrañas se intensifican y los “bugs” aparecen como advirtiendo que no siga. La tragedia de Ícaro se hace presente en una de las pláticas con su mentor: nada bueno vendrá de acercarse demasiado al sol del conocimiento. ¿Qué implicaciones tendría poseer una verdad tan poderosa como la que sugiere el filme? Max aprende la lección a la mala y decide finalmente renunciar a dicha verdad. Como película de aventura, después de encontrar el tesoro perdido, se opta por dejarlo en su lugar a fin de lograr salvar la vida. La escena final es muy parecida a la de inicio: Max observando la naturaleza. Pero algo ha cambiado, ya no calcula, al parecer solo admite su derrota… y sonríe.

Coronavirus y crisis

Divagaciones varias y desordenadas sobre el tema del momento.

Los grandes ganadores

Amazon y Zoom, entre otros. Trabajo en una empresa estadounidense que es competencia directa de Zoom y sin divulgar detalles es curioso lo mucho que se habla de ella últimamente. Ahora no queda más que aprender y admirar su éxito. A pesar de los huecos de seguridad, la facilidad de uso y las conferencias gratuitas de 40 minutos hicieron crecer sus usuarios y las ganancias en millones. Resulta que a la mayoría de la gente común poco le preocupa una charla o sus datos personales filtrados en el ciberespacio si a cambio consigue mantenerse en contacto con la familia o los amigos.

A pesar de las obscenas ventas que Amazon reportó en el trimestre, sorprende que su reporte no haya resultado para festejarse. Resulta que los costos operativos también se han elevando y al final no todo ha sido bueno, pero comparado con las demás empresas, sus resultados no dejan de ser envidiables. ¿Qué negocios funcionan mejor en medio de una pandemia y la crisis que se avecina?

La actuación del gobierno

A finales de febrero y principios de marzo, cuando la gente comenzaba a criticar la lentitud del gobierno al no declarar la cuarentena, escuché el sabio comentario de un buen amigo diciendo que adelantar el encierro solo haría que la gente saliera de sus casas en el peor momento posible. En pocas palabras y de forma más simple me había expuesto lo que diría unos días después el doctor Gatell y su ejemplo de los 100 niños infectados para explicar lo que era un punto de inflexión. La gente se le fue encima. En ese momento recordé mi escrito de que la gente que hace ciencia no siempre tiene las mejores habilidades de comunicación. En medio de la polarización que vive la sociedad mexicana, la crítica a las acciones del gobierno respecto al manejo de la pandemia ha sido una constante. Si bien casi en nada estoy de acuerdo con este gobierno, aplaudo mucho el trabajo del doctor Gatell y me temo mucho que si las cosas no acaban bien será uno de los primeros chivos expiatorios en medio de este complejo momento. En realidad, si la catástrofe de salud se desata, me parece que será culpa de todos (el tema económico es otro asunto).

En medio de cifras que ya parecen perder sentido, lo único que para mi parece dar dirección son el número de muertos. ¿O no? La verdad es que hasta los muertos se pueden ocultar o disfrazar. Pero agradezco que hasta ahora no tengamos escenas como las que se han visto en Ecuador o incluso Nueva York. No me importa quién se lleve el mérito, en verdad deseo de todo corazón que haya el menor número de muertos.

Como la gran depresión de 1029

La Gran Depresión de 1929 siempre me ha causado tremenda inquietud. En especial aquellas fotos como la de una mujer con sus hijos de Dorothea Lange. ¿Qué pasaba por la mente de aquellas personas? He de confesar que me entra un pavor enorme cada vez que alguien dice que la crisis que viene es comparable a la de 1929. Me ha tocado vivir en mi país las crisis económicas de 1982, de 1994 y de 2008. De las tres la peor parece ser la de 1982, cuando apenas tenía un año. En ese sexenio el dólar pasó de los 150 pesos !a los 2,483 pesos! A veces siento que parte de ello explica la neurosis que aquejó a mi padre.

Aunque me aterra, hay dos cosas en las que busco hallar consuelo. Primero que para bien o para mal hay muchas cosas que son diferentes a 1929. Somos muchos más habitantes, el trabajo se ha redefinido completamente, la tecnología es diferente, etc. No sé cómo estas juegan a favor o en contra, pero conservo la esperanza de que podremos salir adelante. Segundo, no dejo de pensar que para sobrevivir el ser humano requiere pocas cosas, es fundamental conservar el optimismo, ser agradecidos y estar contentos con tener lo necesario.

Un ente chiquito hizo arrodillar a la nación más poderosa

Es increíble como un virus tan pequeñito puede doblar a la nación más poderosa y hacerla sentir vulnerable. Es sorprendente que se nos prive de algo tan simple como salir a dar un paseo o abrazar a alguien. Es una lección de humildad.

Adiós Rojo

Ayer fui al funeral de R, un chico de buena estatura, físico agraciado y cara atractiva. Lo poco que puedo decir de él como persona se limita a los pequeños momentos en los que nos cruzabamos en un gimnasio local u otros lados y nos saludabamos brevemente. Y de estos pocos solo puedo decir que siempre fue bueno conmigo.

A sus veintitantos podría decirse que R tenía toda una vida por delante. Se fue a probar suerte a Monterrey a pesar de la insistencia de su madre de permanecer cerca de la familia y hallar un trabajo en la Ciudad de México. Una historia que se repite generación tras generación.

Hasta ahí todo bien, R pronto alcanzó la relativa estabilidad y aprovechaba los escasos momentos que le presentaban su trabajo y su economía para darse sus escapadas y visitar a la familia: sus padres, un hermano y una hermana. Rutina que se vio interrumpida hace poco más de dos semanas por un terrible accidente de trabajo que por respeto a muchos solo calificaré de indescriptible. Sobrevivió de milagro y pese a los buenos pronósticos su vida lamentablemente se extinguió el pasado viernes.

Su aún joven madre luce una tranquilidad pocas veces vista, como si el proceso de asimilación llevara un gran progreso. Él padre por el contrario en todo momento se muestra deshecho. Aunque ambos viajaron a verlo, por cuestiones del trabajo solo ella pudo quedarse durante lo que serían sus últimos días. “Me había prometido traerlo de vuelta” – me dice mientras le doy el pésame y añade que ella misma guardaba mucho optimismo. Me da detalles que en parte explican su calma. Casi para concluir me dice: “Descubrí una parte importante de mi hijo. Siempre tuve mis dudas acerca de si sería un buen chico una vez alejado de la familia. Para mi sorpresa, descubrí que se había hecho de muy buenos amigos, amigos que sufrieron conmigo y me ayudaron en todo momento. Es muy triste haberlo descubierto tan tarde”. Solo en ese momento un par de lágrimas lograron aparecer en su rostro.

Durante el funeral sus mejores amigos (los de acá de sus rumbos) permanecieron sentados juntos. Acordaron de antemano vestir o portar algo rojo. Uno de ellos tomó la palabra: “R no era un chico perfecto, era un chico con errores y con muchas inquietudes. Era un simple chico como cualquiera de nosotros”.

¿Y por qué no?

– ¿Mermelada con chipotle? ¿Quién les dijo que sabía rico?

– ¿Y por qué no? – respondo mientras algo se prende en mis adentros. No tiene que ver con si la combinación es o no rica. Es el malestar provocado por ese cuestionamiento, que por su tono, es en realidad solo el disfraz de una rotunda afirmación. Es la pretención de una verdad absoluta de alguien que se cree la única autoridad.

Cuando hablamos de comida, ¿cuántas han sido las personas que se atrevieron a transgredir las convenciones de su tiempo para producir, mejor o peor pero al fin y al cabo, algo nuevo? ¿Existe un límite? Algunos, como Yuval Harari, aplican como máxima que si la naturaleza lo permite entonces es válido, no hay nada de antinatural en eso. Bajo ese criterio muy pocas cosas, quizá las que solo viven en nuestra imaginación, son imposibles.

En la realidad y sobre todo en nuestros días, establecer límites en los que una gran mayoría este de acuerdo se ha vuelto sumamente complejo. Nunca fue más cierta aquella frase de que “cada cabeza es un mundo”. Y por mucha libertad que se otorgue, parece ser que en una sociedad civilizada algunos límites siempre tendrán que existir. Además, como no todos estaremos de acuerdo, la tolerancia y estar a veces dispuestos a ceder, también se vuelven necesarios.

¿Qué criterios usan para definir sus límites? Quizá la elección o invención de alimentos sea algo trivial, podríamos pasar a un tema un poco más controvertido como la música y sin duda hay temas complejamente más profundos como la eutanasia, el aborto, la sexualidad, política, por mencionar unos pocos.

En mi caso personal, pienso que siempre tiendo a mantenerme en un punto intermedio. Mis elecciones por lo general se toman bajo un principio pragmático. Dice Pablo de Tarso que se nos permite cualquier cosa pero no todas nos convienen (1 Corintios 6:12) y creo que es muy cierto al momento de elegir. Otro principio que uso mucho es el de evaluar las cosas por sus resultados (sí, claramente pragmático). Bajo este criterio el único inconveniente es que a veces hay que dejar que las cosas sencillamente ocurran, sin embargo a veces solo se cuenta con una oportunidad. ¿Podría servir la experiencia de alguien que pasó por lo mismo? Seguramente si.

Finalmente, contrario al pensamiento que hoy abunda sobre la búsqueda de la felicidad personal, siento que yo soy más partidario de las causas comunes y la búsqueda del bien mayor. Si bien la mayoría de las veces ambos objetivos convergen, en otras ocasiones uno tiene que renunciar a ciertas cosas o bien sembrar con la seguridad (o quizá el sentido de satisfacción) de que otros serán los que cosecharán los resultados. Algunas luchas y batallas son tan grandes que rebasan nuestras vidas pasajeras, disfrutamos hoy las cosas por las que otros vivieron y murieron, y el tiempo dirá qué les dejaremos a los que vienen después de nosotros.

Mi 2019 en libros

Para los que me tienen en Goodreads, pueden ver detalles del “Reading Challenge” aquí.

¿Qué leí (o escuché en el caso de audiolibros) este 2019?

  1. ¡Sálvese quien pueda!Andrés Oppenheimer
  2. New Family ValuesSolomon Andrew
  3. Mi HistoriaMichelle Obama
  4. Textos fuera de contextoCoalición por el evangelio, Jairo E. Namnún, Steven Morales
  5. UmamiLaia Jufresa
  6. La muerte del comendador, Libro 1Haruki Murakami
  7. Papá, ¿dónde se enchufa el sol?Antonio Martínez Ron
  8. What Happens Next? Conversations from MARSAdam Savage
  9. The 3-Day EffectFlorence Williams
  10. Estambul: Ciudad y recuerdosOrhan Pamuk
  11. Creatividad, S. A., Cómo llevar la inspiración hasta el infinito y más alláEd Catmull
  12. Mátame EternamenteFrancesc Miralles
  13. Cambiemos el mundo: #huelgaporelclimaGreta Thunberg
  14. Imperios y espadazos: Una historia de la Antigüedad para no aburrirAndoni Garrido Fernández
  15. The X-Files: Cold CasesJoe Harris
  16. Biblia de Jerusalén

Alcancé mi objetivo de 14 libros para este año. Para el 2020 me he puesto la meta de 15 libros, en especial porque quiero poner énfasis no solo en leer por romper un record, sino también por extraer algo más y hacer un análisis más detallado.

A continuación la selección de mis favoritos de 2019:

¡Sálvese quien pueda!Andrés Oppenheimer

Los nubarrones del desempleo masivo como consecuencia de la automatización han estado presentes desde el surgimiento de esta última. Y si bien efectivamente esta ha desplazado trabajadores, nunca se han cumplido las profecías catastróficas que se auguran sobre ella, en parte porque la automatización también ha creado la necesidad de nuevos empleos basados en nuevos roles y en parte porque esta nos ha liberado de tareas “mecánicas” y no en aquellas que requieren de creatividad y otras cualidades que se consideran exclusivas del ser humano. Sin embargo, como muestra Oppenheimer, esta situación esta a punto de cambiar y cuando lo haga, lo hará con cierto grado de crueldad.

Sin embargo, hay razones para ser optimistas. En especial porque preeverlo nos permite reducir el impacto y tomar medidas adecuadas. ¿Cuál debería ser la mejor educación que pueda un joven del presente tener hoy para enfrentar el mañana? ¿Cómo debería prepararse para esa gran ola el trabajador actual? Y si la automatización efectivamente nos liberara de forma gradual del trabajo y nos pudiera asegurar el sustento diario ¿habría algo que objetar? Estas y otras inquietantes preguntas son las que el libro pretende resolver.

Estambul: Ciudad y recuerdosOrhan Pamuk

Orhan Pamuk, Nobel de Literatura 2006, dice que mientras muchos escritores encuentran la inspiración para sus novelas viajando, él la encuentra permaneciendo en su ciudad materna: Estambul. Y quizá se debe a que esta ciudad concentra una gran parte de la historia de occidente y oriente.

Otrora Bizancio y Constantinopla, Estambul es testigo del desfile de grandes civilizaciones y batallas. Cual vestigio de ellas, Pamuk describe la ciudad como “hüzün”, palabra turca que significa “amargura”, y es ese el sentir de cada rincón, del colectivo de sus habitantes, de la cotidianidad y de las miradas extranjeras que la visitan año tras año encontrando en ese sentir un atractivo quizá profundamente arraigado en el ser humano. Pamuk integra de manera exquisita su vida con el pasado y presente de la ciudad; “lector, muéstrame compasión y yo te daré honestidad” dice él y es justo eso lo que ocurre.

Creatividad, S. A., Cómo llevar la inspiración hasta el infinito y más alláEd Catmull

¿El desgaste profesional (burnout) esta haciendo de las suyas? ¿Necesitas una fuente de inspiración? Quizá este libro pueda ayudarte, pues dice el autor que esta dirigido “a cualquiera que desee trabajar en un entorno que fomente la creatividad y la resolución de problemas”.

Si hubo una santa trinidad en la época dorada de Pixar, Ed Catmull formaba parte de ella al lado de Steve Jobs y John Lasseter. Antes de este libro, sabía nada de él y ahora me entusiasma mucho la idea de cómo un chico, estudiante de ciencias de la computación, logró sobresalir combinando la programación y la ciencia, junto con la administración y el arte. La narración de sus enseñanzas de vida junto con las anécdotas detrás del nacimiento y desarrollo de algunas películas que seguro están entre nuestras grandes favorita, hacen del libro sumamente recomendable.

Biblia de Jerusalén

Va a sonar cliché pero a todos les vendría bien leer la Biblia alguna vez en sus vidas, incluso a sus grandes detractores o los que se la pasan culpándola de todos los males de occidente. Cabe aclarar que, como deja evidencia Goodreads, leerla fue una tarea que inicié allá por 2013 y estuvo llena de grandes pausas y momentos de abandono. Además, esta versión de estudio contiene un extenso aparato de notas que honestamente no siempre leí.

¿Qué encontrará el lector de interesante? Desde una perspectiva legislativa, un aparato legal que dio forma a la mayoría de las constituciones actuales. De lado histórico una serie de encantadores relatos que si bien incluyen ingredientes milagrosos que pertenecen al terreno de la fe, no dejan de cautivar y aportar grandes lecciones. Desde el ángulo literario encontrará una belleza compleja que justifica el porque tanta gente a lo largo de los siglos y aún sin ser religiosa, le ha dedicado tiempo y energías en explorarlo. Después de eso, la verdad es que mi curiosidad ha quedado con deseo de conocer más.

La mano

La prosa narrativa de la Biblia hebrea […] cultiva ciertos enigmas profundos e inquietantes, se deleita en dejar a su público adivinando sobre los motivos y las conexiones, y, sobre todo, le encanta establecer ambigüedades entre la elección de palabras y la imagen en una interacción interminable que resiste una resolución clara.

Robert Alter. La Biblia hebrea: una traducción con comentarios.

Me he vuelto un entusiasta lector de Robert Alter y su análisis literario del Antiguo Testamento. El texto sagrado esta tan lleno de curiosidades que es inevitable que continúe siendo fascinante hasta nuestros días. El aspecto literario no es la excepción. Un caso sobresaliente es el uso constante de partes del cuerpo para referirse en forma de metáfora a otro tipo de nociones, lo que le otorga una belleza exquisita.

Un claro ejemplo es la mano, que en el texto hebreo con frecuencia se usa para referirse a nociones como el poder, el control, la responsabilidad y la confianza. En los últimos capítulos del Génesis, concretamente del 37 al 50, y vistos desde esta óptica, la mano parece adoptar un protagonismo tan importante que incluso rebasa al patriarca Jacob y su familia, planteando una especie de historia paralela y subyacente donde los personajes de carne son solo herramientas para un propósito mucho más superior y profundo. La mano es ese poder o autoridad que se gana y se pierde, que cambia de dueño y que se reivindica. *

A grandes rasgos el relato trata de la historia de José, el hijo de Jacob, y la serie de eventos que lo conducirán a Egipto, primero a él y al final también, a toda su familia, misma que se convertirá en la nación de Israel. El telón se cierra dejando el relato preparado justo para el siguiente libro: el Éxodo.

Aqui es donde Robert Alter explica que muchas versiones de la Biblia cometen el error de usar la traducción como un vehículo para explicar, más que representar el mensaje original en otro lenguaje. Algunas de estas versiones, en el caso del relato citado, sustituyen estas metáforas por otras expresiones modernas que quizá resulten más familiares y digeribles al lector, pero que sacrifican gran parte del sentido literario del texto y hasta lo debilitan. Por otro lado, si uno acude a una versión que ofrezca un buen balance entre conservar el sentido literal a la par de una buena traducción, la belleza del relato se magnifica.

Pensemos en el uso de la mano más evidente en este relato, “la mano de Dios“, que ejerce su poder y autoridad para conseguir lo que él desee. José, el hijo amado de Jacob, tiene enigmáticos sueños que insinúan que jugará un papel importante en el futuro. Curiosamente su destino de inmediato se vuelve trágico: termina vendido por sus hermanos como esclavo a Egipto, es acusado injustamente de intentar violar a la esposa de su amo Potifar, un oficial de la corte del Faraón, y termina finalmente en la cárcel. Sin embargo el relato dice que Dios hacía “que todo lo que [José] efectuaba tuviera éxito en su mano“. Esta aparente serie de injusticias son solo el mecanismo que conducirá a José al puesto que sus sueños profetizaban, pero en el fondo apunta a algo mucho más trascendente en los planes divinos.

La prisión, pone a José en contacto con el copero del Faraón quien purga una condena. José, quien goza del favor de Dios, le interpreta al copero un sueño y le dice que será devuelto a su puesto ante Faraón, cosa que efectivamente sucede. Luego, Faraón tiene unos sueños que le angustian y por consejo del copero manda a traer a José para que se los interprete. Uno de dichos sueños es el famoso de “las vacas flacas”, expresión que se conserva hasta nuestros días para expresar un periodo de escasez y crisis económica. El significado de los sueños es que se avecina un hambre terrible y por tanto, Faraón debe apresurarse a reunir todo el alimento posible. Impresionado por la sabiduría de José, el Faraón lo pone a cargo de dicha misión, se quita el anillo de sellar de su mano y lo pone en la mano de José, nombrándolo segundo en autoridad. Los sueños de juventud de José parecen ahora tomar forma y lo que ocurre a continuación le disuelve todas las dudas.

El hambre se extiende más allá de Egipto y alcanza las tierras donde moran Jacob y el resto de los hermanos de José. Ahora estos llegan a Egipto en busca de alimento. José los reconoce de inmediato, pero ellos no reconocen a José puesto que han pasado algunos años y además ahora él viste, se arregla y habla como egipcio. Para comprobar si sus hermanos han cambiado, José pone en marcha una hábil treta que pone a sus hermanos en apuros pero al final deja ver su sincero arrepentimiento. José finalmente no logra contenerse, les revela toda la verdad en medio de lágrimas y hay un feliz reencuentro de toda la familia que es mandada a traer a Egipto mientras concluyen los últimos años de hambre. Al ser un texto religioso, queda claro que la intención es revelar un plan divino detrás de toda esta historia: Dios da el poder y la autoridad a quien él elija y establece el mecanismo para cumplir su propósito y sus promesas. Su mano esta presente en todo momento.

Otras expresiones alusivas a la mano aparecen a lo largo del relato. Cuando los hermanos de José conspiran para intentar matarlo, Rubén, el hermano mayor, intenta librar a José “de las manos ellos” y les pide que “no pongan sobre él mano violenta“, es decir, que no se hagan culpables de asesinato. Cuando sus hermanos desisten y lo venden como esclavo, indican que se han librado de toda culpa o responsabilidad al decir “no este nuestra mano sobre él“. En casa de Potifar, este le pone a José toda su casa “en su mano“, es decir le cede el control completo y José repite lo mismo cuando la esposa de Potifar intenta seducirlo: mi amo ha puesto todo en mi mano, excepto a ti.

Otras interesantes referencias aparecen en un relato un tanto perturbador que irrumpe la historia de José, pero que visto desde la óptica de “la mano” parece tener sentido. Judá, otro de los hijos de Jacob, se acuesta con su nuera Tamar (por cierto, el relato incluye la historia que dio origen al término onamismo) y después pretende darle muerte. Pero gracias a que Tamar conservar como garantía una serie de objetos que Judá portaba en su mano, logra finalmente conservar la vida. De este suceso, Tamar acabará dando a luz gemelos. Durante el parto, uno saca la mano pero la vuelve a meter y es su hermano el que termina saliendo primero convirtiéndose así en el primogénito, lo cual en aquel tiempo jugaba un rol muy importante; pero en este caso lo es aún más, puesto que el primogénito en cuestión resultará ser Pérez, el antepasado del mismísimo rey David y por tanto también de Jesucristo (el Mesías para los cristianos).

Incluyo por último dos ejemplos más, aunque el uso del término abunda en muchas más partes del relato. José tiene dos hijos: Manasés y Efraín. Cuando los lleva a bendecir con su ya casi ciego padre Jacob, este se equivoca y pone su mano derecha sobre Efraín, el hijo menor, y su mano izquierda sobre Manasés, el primogénito (la mano derecha tenía prioridad sobre la zurda, por tanto le correspondía al primogénito). Pero no es una equivocación, sino un destino que Jacob en términos proféticos pronuncia al decir que “el menor llegará a ser más grande que el mayor”. Por último, en su lecho de muerte, Jacob manda a llamar a José y le pide que le prometa que no lo enterrará en Egipto, sino que lo llevará a la tierra de sus antepasados. Para ello le pide a José que coloque su mano debajo de su muslo (Alter sugiere que la mano se ponía cerca de los genitales o que incluso podía implicar sujetarlos), una postura que al parecer se adoptaba ante los juramentos, pero que a la vez indicaba sujeción a quien se le consideraba una autoridad. Cuando su padre muere, José cumple su voluntad.

El concepto de la mano con esa idea de poder o control que con frecuencia esta un nivel arriba de los seres humanos, continúa muy presente hasta nuestros días. Por ejemplo, en el siglo XVIII, Adam Smith acuñó el término de “mano invisible” para referirse a una idea que con frecuencia se suele interpretar como las supuestas fuerzas reguladoras que permiten establecer un equilibrio en una economía de libre mercado, aunque artículos como este indican que esa no solo es una visión simplista, sino hasta equivocada de lo que Smith quería decir.

La lista de ejemplos abunda y podría continuar indefinidamente. Queda claro que la metáfora es tan sutil como práctica , que ha sobrevivido al paso del los tiempos.


* La propuesta tiene un parecido a la expuesta por Borges en “El sueño de Coleridge” (Jorge Luis Borges, Otras inquisiones). Los seres humanos son solo individuos con fecha de caducidad, la ideas, por el contrario, sobreviven al paso del tiempo. Ese espíritu de las idea puede verse como un caballero omnisciente que se vale de los los escritores para persistir en el tiempo.