Libros, Lo que pienso

Luis González de Alba 

Luis González de Alba llegó a mi en el año 2000 por “El burro de Sancho y el gato de Schrödinger”, un libro que hablaba de ciencia y aún hoy es de mis favoritos. Él no era ningún físico o astrónomo, de hecho su carrera fue de psicología y toda su vida se arrepintió de no haber elegido las ciencias. Sin embargo, siempre conservó el gusto de la lectura científica y con frecuencia escribió sobre ella en libros y periódicos. Su estilo alejado del lenguaje técnico conseguía una lectura amena y digerible.

Fue hasta ese momento que conocí la otra parte de su historia, la más famosa, como dirigente del movimiento estudiantil de 1968. Leí un par de artículos en Internet pero no le dediqué mucho tiempo a esa parte, más bien, me enfrasqué en conseguir otro de sus libros: “Los derechos de los malos y la angustia de Kepler”. De este libro me interesaba su divulgación científica y la defensa de la homosexualidad, pero curiosamente me terminó gustando más por desmontar los mitos de la conquista de México y por su crítica al indigenismo, ambas partes abordadas en la sección “Las mentiras de mis maestros” que después sería incluso publicada por separado. De todos estos temas escribí algunas entradas.

Con el paso de los años le seguí la huella en uno que otro texto que escribía en periódicos y luego finalmente lo encontré y seguí en Facebook donde lo amé y odié por igual. No se andaba con medias tintas y continuamente estallaba ante la crítica. Aunque le tiraba a todos los partidos por igual incluyendo al PRI y al presidente, a veces parecía estar demasiado alineado con estos últimos, ofreciendo justificaciones y fue siempre criticado por ello. El Islam le parecía detestable en cualquiera de sus formas mientras que defendía el judaísmo e Israel (ignoro si creía en algún tipo de divinidad, yo siempre lo leí ateo aunque muy fan de la cultura judía y griega). Mantuvo un eterno conflicto con Elena Poniatowska desde que la acusó de tergiversar texto de “Los días y los años” en la novela de “La noche de Tlatelolco”. En los comentarios de los últimos años también abundaba la desacreditación al movimiento de los 43 de Ayotzinapa y sus solicitudes para que se diera la medalla Belisario Domínguez a el empleado Gonzálo Rivas Cámara que murió a consecuencia de las quemaduras que sufrió intentando apagar un incendio provocado por las protestas de  estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. A veces podías no estar de acuerdo, pero siempre me parecía una lectura obligada para ver los temas desde otra perspectiva.

El día de ayer se fue súbitamente a sus 72 años. Sorpresivo para mí pero para unos pocos se trataba de un suceso anunciado. Las últimas entradas y su publicación en Milenio (escrita con 2 meses de anticipación) tenían un olor a despedida. La coincidencia de su muerte con el 2 de octubre levantaba la sospecha que horas después se confirmaría: suicidio por un disparo en el tórax. La última entrada en Facebook y Twitter alude al Salmo 71 (“Oración de un anciano”) y la frase “No me abandones”. ¿Se estaba arrepintiendo? ¿le pesaba la vejez y la añoranza de su juventud? Una parte de mi cree que uno debe irse cuando ya no es feliz (especialmente si se sufre mucho ante una enfermedad o las limitaciones han llegado a ser un martirio) y quizá esa parte apoya un poco el comentario de Héctor Aguilar Carmín de que aquello fue “el último acto de su salvaje libertad”. Pero otra parte de mi me dice que ha sido un acto muy cobarde, que decidió tirar la toalla y con ello invalidar muchas cosas que decía y vivía. Se fue porque ya no era feliz y ese es el último sabor que me queda.

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“Internet es nuestra ansiedad colectiva”

Estaba viendo el Chelsea Show de hoy y me gustó esa frase que pronunció Kristen Bell. El contexto es que muchas veces nos quejamos del presente y sentimos que todo esta mal pero se nos olvida pensar que en realidad hay muchas cosas mejores que años atrás. Por ejemplo, la esperanza de vida de la humanidad, que se ha venido incrementando constantemente incluso en el continente africano. Quien niega este hecho quizá le vendría bien pensar (y lástima que no existe una máquina del tiempo para poder enviarlo al pasado) que hace apenas poco más de un siglo nuestra esperanza de vida era de 40 años.

Claro que aún existen problemas por resolver y también es cierto que algunas decisiones, cambios y avances tecnológicos han traído nuevos problemas acompañados de las ansiadas soluciones.

Internet es hasta ahora la cumbre de la revolución informática. Ayer comencé a usar Audible (pronto les compartiré mis comentarios al respecto). Mientras escuchaba el audio en español, seguía la lectura del libro en inglés. Por la noche, mientras veía Netflix recostado en mi cama, me puse a recordar mi juventud y me parecía difícil imaginar esa temporada en que uno no tenía Internet para conseguir información con un par de teclazos. ¿Es posible que el tiempo que requiere un estudiante de primaria de la actualidad para cubrir cierto plan de estudios sea menor que el requería un estudiante hace 20 años? Parece que sí, aunque eso quizá requiera otra entrada.

Como efecto secundario, Internet se ha convertido en un magnificador de sucesos. En general, podríamos hablar de un balance positivo cuando pensamos en el trabajo de las redes sociales en cuanto a difundir información, buena o mala, cierta o falsa, en cuestión de minutos. Sin embargo, el bombardeo de información negativa a veces sencillamente es demasiado. No es que en el pasado no ocurriera, es que ahora nos damos cuenta más fácilmente, llámese corrupción, violencia o la próxima #ladyAlgo. Y aclaro, esto no quiere decir que niegue estadísticas que también confirman el acrecentamiento de algunos problemas sociales, más bien hago énfasis en cómo estas noticias pueden llegarnos de golpe, masivamente, en una experiencia semejante a intentar llenar un vaso de agua con el hidrante. Así terminamos alimentando nuestras preocupaciones, agregándole más ansiedad a la que ya nos otorga la vida cotidiana. Somos, haciendo referencia las estadísticas que mencionaba previamente, la generación cuya depresión amenaza con desbancar del top ten mundial a enfermedades como el cáncer o la diabetes.

Ante estas circunstancias y cuando la ansiedad comienza a hacer estragos, a veces lo mejor es simplemente cerrar el grifo de la información. Hasta cierto grado puede interpretarse como negación a la realidad, “si no lo veo no pasa”; pero es también un acto de supervivencia y de forma imperceptible era lo que sucedía con las generaciones anteriores. Recuerdo aquella frase de Jesucristo de que ‘cada día tiene su propia maldad’ (Mateo 6:34) y también ‘¿quién por preocuparse puede añadir un codo a la medida de su vida?’ (Mateo 6:27) lo cual encierra una gran verdad: mientras que la preocupación moderada y racional nos mantiene alerta ante el peligro y nos ayuda a ser previsores, la preocupación desmedida nos paraliza y nos enferma.

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Una semana de desafortunados sucesos

Dice Alex Grijelmo que nos “juzgan los jueces, los árbitros […] Pero también las palabras”. El trabajador que defiende con fuerza sus convicciones profesionales puede para unos ser “tenaz” y para otros “testarudo”. Una misma realidad, diferentes palabras, diferente juicio. Esta semana ha sido el perfecto ejemplo.

La iniciamos con la inesperada muerte de Juan Gabriel a los 66 años. La magnitud de la noticia sirvió para distraer la atención del trending de hace dos semanas: el plagio en la tesis del presidente Enrique Peña Nieto. Quienes lo minimizan mantienen la postura de “el que este libre de pecado que arroje la primera piedra” y es que en este país “todos tenemos cola que nos pisen” y “o todos coludos o todos rabones”. En el otro extremo tenemos a los más indignados que consideran que el hecho no solo es suficiente para revocar su título, sino hasta para obligarle a renunciar a su cargo como mandatario a semejanza de lo que ha ocurrido en otros países. Me pregunto qué tanto cambiaría esa postura si el presidente tuviera un nivel de aprobación del 70% u 80% y no el veintitantos que se anunció hace unas semanas. Y es que aunque el plagio sin duda es un delito, no podemos ignorar que el hecho de que se trate de uno de los personajes más odiados de nuestro país tiene un gran peso al momento de adoptar cierta postura.

Carmen Aristegui ha hecho un buen trabajo pero dista mucho de ser la periodista imparcial y mucho menos perfecta. Quizá el día que escarbe con el mismo esmero en la vida de López Obrador, de quien hace poco se puso en tela de juicio su descuadrado 3 de 3, y a su partido MORENA, le hará un gran favor a los mexicanos para emitir juicios con la mente menos nublada; aunque difícilmente lo hará porque sería el suicidio de su carrera. Por lo mientras, y regresando al juego de palabras, lo que para la mayoría es “plagio” para la Presidencia son meros “errores de estilo” y para el presidente, según las palabras de ayer en su informe, “errores metodológicos”.

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Y en esas estábamos cuando el martes se armó otro lío con la columna de Nicolás Alvarado en Milenio. La frase que más caló en millones de mexicanos con los sentimientos a flor de piel fue: “Mi rechazo al trabajo de Juan Gabriel es […] clasista: me irritan sus lentejuelas no por jotas si no por nacas”. Aquel desafortunado y al parecer irresponsable comentario para el hasta ayer director general de TV UNAM desató una ola de fuertes críticas que lo llevaron a presentar su renuncia. De poco importó que en dicha columna el más grande de los párrafos aludiera al programa especial de Observatorio Cotidiano donde gente que el mismo Nicolás invitó se deshiciera en alabanzas al “Divo de Juárez” (recomiendo mucho escuchar el programa). Y es que a mi gusto hubiera sido realmente grave si su opinión personal se hubiera impuesto o se hubiera ofrecido como la visión de toda la comunidad que representa, cosa que no me parece que haya ocurrido. Tampoco importaron otras frases como en las que decía que dicha percepción era “su problema” y que “a Juanga le vengo guango”, o dicho de otro modo, que de poco valía lo que él pensara, quizá en ese sentido le hubiera venido mejor quedarse callado. Aunque no somos expertos en música, Yuri Vargas terminó dejando bastante en ridículo las acusaciones de que el cantante era un simple ‘letrista torpe y chambón’ y sus canciones más que solo “sintaxis forzada”.

Irónico y hasta sorpresivo que Nicolás se queje de las lentejuelas y las tache de “nacas” (corriente, de mal gusto) y “jotas” mientras su vestimenta extravagante que incluye un par de gafas con armazón blanco y sus modos afeminados fácilmente lo hacen caer en las mismas categorías que tanto desdeña. Regresamos al juego de palabras: “naco”, “jota”, “dandi”, “esnob”. Adelante, juzgue usted.

Pero posiblemente la más grave de estas palabras sea la de “clasista” que alude , según la RAE a la “diferencia de clase y discriminación por ese motivo”. Quizá por eso el CONAPRED ha solicitado la aplicación de medidas precautorias y hasta una disculpa pública. En lo personal, aunque admito que Nicolás Alvarado se equivocó, no puedo pasar por alto que después de lo ocurrido me queda también un mal sabor de boca en lo que tiene que ver con el derecho a disentir. Me duele pensar que para muchos la lección sencillamente será que tiene que gustar Juan Gabriel y no puedes hablar mal de él. ¿Hubiera podido Nicolás Alvarado decir lo mismo con otras palabras o de cualquier manera lo íbamos a echar a la hoguera?

Ese mismo martes por la tarde las redes sociales comenzaron de nuevo a hervir al revelarse que Donald Trump, el candidato republicano, venía a México por invitación del presidente. ¿En qué cabeza cabe? Es la pregunta que hasta el momento todos nos hacemos excepto la Presidencia de la República que ha defendido los supuestos beneficios de este acercamiento. Enrique Peña Nieto ha venido diciendo que solo tenía dos opciones: callar o enfrentarlo. Yo creo que tenía una tercera y era mejor: esperar hasta después de las elecciones. Entiendo y hasta cierto grado justifico desde una óptica diplomática que la postura de la Presidencia ante los comentarios de Trump haya sido muy blanda. Ante un escenario con Trump como presidente de los Estados Unidos se va a necesitar alguien con la cabeza muy fría y con la razón por arriba de los sentimientos.

De cualquier forma, la reunión Peña-Trump me parece un terrible e innecesario error que hiere profundamente la dignidad de los mexicanos. Peña Nieto no paró de decir que le dijo a Trump, en privado porque a nadie le consta, que los mexicanos no pagarían el muro y, de nuevo juego de palabras, que somos nosotros los que hemos “malinterpretado” sus dichos. Horas después, el candidato republicano se presentaba en Arizona diciendo “Vamos a construir el muro en la frontera … y México lo va a pagar, el 100%. Ellos no lo saben aún, pero lo van a pagar. Son personas increíbles y grandes líderes, pero van a pagar por el muro”. Así de claro ha dejado ver Trump que el mensaje de Enrique Peña, si es que realmente se lo dijo de frente, se lo pasa por los tanates. En Estados Unidos, según las estadísticas el viaje le ha favorecido a Trump dándole algunos puntos de ventaja. Otros destacan la hipocresía, el doble discurso que cambió el candidato en un par de horas, como un adelanto de lo que les espera a los que han depositado su confianza en él. Pero en México virtualmente todos nos sentimos indignados por dicho encuentro.

Y ya por último ayer, el informe de gobierno. Un mensaje que a nadie deja satisfecho, el presidente nos viene a contar maravillas de un país que nadie ve excepto él. El “nuevo” formato sigue siendo aburrido, en especial por ese discurso político lleno de labia que lo menos que ofrece son respuestas. Un auditorio lleno de jóvenes que a pocos nos sorprende que hayan sido filtrados y que la mayoría simpatice con el PRI; no iban a darse el lujo de perder el control. Pese a los elogios junto con las solicitudes de apoyo, me parece rescatable que hubo algunas preguntas buenas como la del plagio de la tesis y el asunto de los “gasolinazos”. Desgraciadamente el formato no incluye la réplica y hubo que conformarse con la versión del presidente que contenía mucha mucha paja. Culmina así una semana bastante triste.

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La fortaleza de las plantas

Flor de lino en mi jardín. Un poco abajo, al fondo se alcanza a ver la cápsula que contiene las semillas conocidas como linaza.

Ha crecido un poco de lino (Linum usitatissimum) en el jardín resultado de los restos de alpiste compuesto (mezcla de alpiste con diversas semillas y nutrimentos para aves) que usé para mi alimentador de aves. Al principio no sabía lo que eran, pero sus flores me gustaron mucho. Hoy al explorar las semillas que esta dando encontré que era linaza y lo confirmé buscando un poco en Wikipedia.

Es curioso saber que esta humilde planta ha estado presente en la historia de la humanidad por muchos siglos. Su nombre nos remonta al antiguo Egipto donde las plantas y sus flores quedaron inmortalizadas en algunas pinturas y de sus resistentes fibras se fabricaron tejidos que incluso envolvieron momias. Los faraones se extinguieron pero el lino no. Al contrario, su uso se extendió por toda la Europa medieval y hasta el siglo XVIII era la fibra textil más importante solo después de la lana. Hasta nuestros días existen las telas y ropas de lino. Sus fibras son casi el doble de resistentes que el algodón y son frescas, lo que las hace ideales para la ropa de verano.

Las plantas nos han aportado tanto que con frecuencia es fácil pensar que están ahí con el mero propósito de cumplir una función para el ser humano, esperando que las tomemos. Es una visión antropocentrista típica y con frecuencia acompañada de bases religiosas o espirituales.

“¿Por qué las plantas pueden servir para curar enfermedades? ¿Por qué son muy buenas y nos quieren mucho?” pregunta J.M. Mulet, profesor de biotecnología, en el libro Medicina sin engaños. A continuación nos invita a reflexionar en un hecho que con frecuencia pasamos por alto. A diferencia de otros seres vivos, una planta no puede moverse, cuando existen condiciones adversas, “en vez de huir como cobardes […] como hacen los animales “, su respuesta es adaptarse “cambiando su composición química”. Por ejemplo, ante la sequía algunas acumulan azucares para evitar perder agua; ante el abundante sol muchas frutas adoptan colores vivos como resultado de la acumulación de antioxidantes que les sirven para protegerse del exceso de luz solar. Las mismas semillas tienen impresionantes mecanismos para permanecer “dormidas” por años hasta que se encuentren con las condiciones favorables para germinar.

Así es, las plantas son seres vivos con unos de los metabolismos más complejos de la naturaleza. La transformación de CO2 a energía es un metabolismo que efectuamos de la misma forma una levadura que un ser humano. La fotosíntesis es idéntica en un alga microscópica que en un pino de Oregón. Estos son metabolismos primarios. Las plantas, sin embargo, poseen una variedad increíblemente rica de metabolismos secundarios. Ancladas a un terreno, no solo tienen que hacer frente al ambiente, también tiene que defenderse de otros seres vivos que la incomodan o bien sacarles provecho, desde grandes herbívoros como las jirafas, hasta algunos hongos.

Esta situación ha dado como resultado colateral lo que ya conocemos: una riqueza de productos a los que el ser humano le ha sabido sacar provecho. La lista es enorme: colorantes, textiles, especias, aceites, drogas, venenos, etcétera. La salicilina, la quinina y los fitoestrógenos son moléculas que las plantas usan para su defensa. De la primera obtenemos anti-inflamatorios y antipiréticos (disminuyen la fiebre), de la segunda obtuvimos el primer medicamento para la malaria, de la tercera los primeros anticonceptivos pues al guardar estos cierto parecido a las hormonas sexuales humanas, interfieren en los metabolismos asociados a ellas.

Ante tanta riqueza y variedad es fácil creer que la naturaleza o las plantas ocultan la cura para todo. Aprovechándose de estas creencias y de la ignorancia, se ofrecen con frecuencia productos milagrosos con la etiqueta de naturales como sinónimo de “no pueden hacerte daño”. Esto como ya vimos, no es para nada cierto, la naturaleza también posee lo necesario para matarnos y algunos remedios pueden ser verdaderamente peligrosos. Una consulta en Internet sobre alguno de estos productos milagrosos, alguna planta, superalimento o lo que se le venga a la mente arrojará de inmediato una enorme cantidad de páginas que le dirán que son buenísimos desde la dieta hasta para combatir el cáncer o la diabetes. Abundarán muchas buenas historias y experiencias pero poco rigor científico. La misma Wikipedia no suele ser el mejor lugar para buscar.

Un mejor lugar para buscar la evidencia científica que respalde cierto producto natural o inclusive otro tratamiento es Cochrane. Se trata de una red global independiente de investigadores, profesionales, pacientes, cuidadores y personas interesadas en la salud que hacen disponibles las investigaciones sobre todo tipo de tratamiento. También existe Information is Beautiful. El objetivo es el mismo: ofrecer evidencia seria. Seguro aquí se alzaran voces que afirman que estos sitios responden a intereses de las farmacéuticas u otros grandes “lobbies” que buscan el control mundial. Hay varios argumentos para desarmar esta forma de pensar pero para no hacer demasiado larga esta entrada solo diré que si usted es uno de ellos pueden tomar la acción que quiera y seguir usando el timo de su preferencia. El método científico obliga a buscar verdadera evidencia y esta evidencia arroja resultados medibles, porcentajes que avalan la eficacia, repetibilidad.

Por ejemplo y ya para concluir, la valeriana es famosa en la herbolaria y se usa comúnmente como somnífero. Curiosamente, la evidencia científica disponible hasta el momento no ha comprobado su efectividad. ¿Será que se trata de un efecto placebo? Todo apunta a que sí, pero aún si el día de mañana la ciencia encontrara cierta evidencia de su efectividad para favorecer el sueño tenga por seguro que explicará la sustancia involucrada y el mecanismo de acción. Así ha sucedido ya con una buena cantidad de moléculas que hemos tomado de las plantas. La medicina no esta peleada con ellas y se debe agradecer que exista un proceso bien definido para explicar porqué funciona determinando componente. Finalmente no esta de más la recomendación más conocida y más desoída: Si parece demasiado bueno, no lo es.

Recomendación:

Mulet, J.M.. Medicina sin engaños: Todo lo que necesitas saber sobre los peligros de la medicina alternativa. Grupo Planeta.

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Entretenimiento, Peliculas, Sociedad

Black Mirror

If technology is a drug – and it does feel like a drug – then what, precisely, are the side-effects?

Charlie Brooker

Black Mirror salió en 2011 pero yo la vi apenas el año pasado. Es una serie británica creada por Charlie Brooker que aunque corta ha atraído buenas críticas. A la fecha existen 2 temporadas con 3 capítulos cada una y un episodio especial y un poco más largo que algunos identifican como la tercera temporada. La tercera temporada “oficial” llegará el 21 octubre de este año bajo las alas de Netflix con 6 episodios y una cuarta se cocina para 2017.

Black Mirror nos presenta un futuro cercano o distópico, pero retrata una realidad que ya estamos viviendo. El título viene de ese espejo negro que vemos cada que una pantalla o un monitor se apaga. Y un espejo siempre invita a la reflexión, al autoanálisis. Este nos invita a considerar los terrenos oscuros de la tecnología.

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El primer episodio, The National Anthem, es quizá mi favorito. El Primer Ministro de algo muy parecido a Gran Bretaña, debe tener sexo con un cerdo en cadena nacional para que unos secuestradores liberen a la Princesa Susannah. Los medios juegan un papel fundamental para complicar las cosas: el video con las condiciones es publicado en YouTube haciendo del suceso un acto masivo del cual se discute y se hacen burlas por las redes sociales. Las miradas absortas en el espectáculo no son capaces de darse cuenta de la otra realidad que ocurre ante sus ojos. ¿Les suena conocido?

Los tan solo siete episodios cuentan, cada uno por separado, una historia y se pueden ver sin un orden. Seguro podrán identificar en cada una de ellas los dilemas e ironías que ya forman parte de nuestra realidad sumergida en la tecnología, llámese stalkeo, reality shows, concursos de talento, Anonymous, wearables, realidad virtual, inteligencia artificial, clones, etcétera. Los giros en la historia son bastante frecuentes y son en gran parte lo que logra mantener la atención, aunque en algunos casos puedan preverse.

De cualquier forma es una serie inteligente que vale la pena ver. A Stephen King le ha gustado y como otros ha dicho que le encuentra un parecido a The Twilight Zone pero con clasificación R (para adultos). Por si andan buscando, es buena opción.

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My life

Común y corriente

No escribí nada ayer y no tengo nada qué escribir hoy. Desde el domingo empecé de nuevo a sentirme mal: el estómago, los dolores de cabeza, algunas articulaciones y algo de cansancio. Hoy parece ya haber un progreso pero sin duda tendré que hacerme otros estudios. Sé que cuenta mucho, pero me cuesta mantener mi optimismo.

Quería escribir sobre algún libro, sobre los 117 años del natalicio de Borges, sobre algunos asuntos del veganismo. Igual he querido escribir sobre el show de Chelsea Handler que a veces amo y otras veces detesto pero igual lo veo porque forma parte de mi comida chatarra mental. Pero no tengo todas las ganas para hacerlo. Espero concretar algo antes de que termine la semana.

Ahh y maté un ratoncito que rondaba mis cuartos ya hace unos días😦  Teníamos una ratonera pero no caía. Lo descubrí hoy en la mañana haciendo ruido en uno de los botes de basura de mi ‘oficina’ casera y lo maté con un maderazo que seguro le fracturó sus diminutos huesitos. Nunca me había tocado participar tan directamente. Ni modo.

Y eso es todo. ¡Saludos!

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