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Necesito un abrazo


Con esto de la influenza, me siento muy raro cuando llego a un lugar y nos dicen que los besos, los abrazos y el saludo de mano están prohibidos. En México estamos tan acostumbrados que cuando no podemos hacerlo sentimos curiosamente una especie de incomodidad. Y digo curiosamente porque a diferencia de otros países más conservadores en México somos bastante cordiales, easy going o “facilotes”. Ya hablé alguna vez un poco de estas diferencias culturales. Aquí no es raro querer darle su abrazo a cuanto desconocido nos presenten o su beso a quien nos presentan por primera vez.

No hay duda de la importancia del contacto físico en el desarrollo de un ser humano desde sus primeros años de vida y también parece innegable que esta importancia se extiende a lo largo de toda nuestra existencia. Quizá por nuestro propio bien nadie recuerda lo seguros que nos sentíamos mamando el pecho de nuestra madre mientras nos acurrucabamos en sus brazos. Casi todos disfrutamos de abrazos y besos de papá y mamá, los mismos que correspondimos sin dificultad alguna. Pero el tiempo trae la madurez, las costumbres y los prejuicios. Pareciera que el contacto es inversamente proporcional a la edad. Cierto, los padres nunca estarán allí para siempre. Pero suelen ser otros factores el detonante del alejamiento. Con frecuencia es “el qué dirán”.

Luego está el trato con las demás personas, que dependiendo del lugar, la cultura y hasta la época, el contacto físico puede estar más o menos limitado.  Y aquí el punto se torna delicado porque el contacto físico puede significar desde un mero saludo pasando por la amistad, hasta interés sexual. Lo peor es que los bordes no están claramente definidos y de hecho en la mayoría de los casos en menor o mayor grado están todos incluidos.

El caso de los hombres me parece el más controversial. Fuera de la connotación sexual los besos en la boca son raros y prácticamente en desuso. Los besos en la mejilla son más frecuentes pero también con sus reservas. Los abrazos son comunes pero casi siempre cuando hay un poco más de confianza. Tomarse de las manos es también poco común aunque en algunas regiones de India y África se acostumbra como símbolo de amistad. El saludo de mano es quizá el más común aunque en Asia casi se evita el contacto y se limitan a inclinar la cabeza.

Entre hombres y mujeres los grados de contacto también varían enormemente, aunque casi en todos lados según la confianza y afinidades, las muestras de afecto pueden ser tan recatadas o descaradas como se gusten. Eso si, de los países islámicos y musulmanes mejor ni hablamos porque es meterse en mucho lío.

Con las mujeres hasta hace algunos años el mundo era bastante tolerante con respecto a toda muestra de afecto. Hoy también ellas tienen que saber guardar sus distancias si no desean que sus preferencias sexuales sean cuestionadas.

Lo cierto es que hasta ahora no he hecho más que exponer una serie de estereotipos sociales que nos hemos ido formando a lo largo de la historia. Patrones de comportamiento que se nos heredan e imponen desde que nacemos y vamos creciendo. Es de nuevo “el qué dirán” y por ello muchas veces nos retenemos de mostrar afecto. No es que todas las costumbres estén mal. Es solo que algunas nunca tuvieron porqué conservarse porque sencillamente son inútiles.

Y la verdad es que hoy quiero cambiar un poco esto e invitarlos también a ustedes a hacerlo. Quiero invitarlos a olvidar por un rato el miedo a “el qué dirán” y a mostrar su afecto por los que queremos y nos interesamos. Y no es porque venga la Navidad (que sinceramente se me hace una celebración bastante nefasta) ni intento que sea algo pasajero. ¿Cuántas veces te retuviste de dar un abrazo solo por no parecer infantil, cursis o “poco hombre”?  Yo muchas veces y con frecuencia me arrepentí.  Y hoy tengo ganas de abrazar porque siempre he sido bastante seco. De abrazar a mi familia y mis amigos y llenarlos de apapachos. Porque abrazar es sanador y reconfortante, te da esperanza y aliento que hoy tanta falta nos hace. Abrazar es saber que no estamos solos. Hoy quiero abrazarte y desearte lo mejor, como si no te hubiera visto en años o como si no te fuera volver a ver.

Y yo también necesitaré de su afecto. De sus abrazos y besos (sexo no, así estoy bien por ahora) no importa cuanto se empeñen tantas cosas hoy en apartarnos. Son esos pequeños detalles los que nos hacen ser humanos y los que pueden marcar la diferencia entre la locura y la cordura.

Donde quiera que estés, te mando un fuerte abrazo.

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2 thoughts on “Necesito un abrazo

  1. Hey!

    Pues sí, la mayor parte de lo cómo nos manejamos con los demás tiene que ver mucho con los prejuicios…

    Pero pues como a mí me viene valiendoooo!!

    XD

    Te mando un abraaaazo!

    Que andes chévere y que todo te sea leve!

    Besos!

    Pop!

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