Entretenimiento, Lo que pienso

Pulgarcito. La otra historia


In life we all have an unspeakable secret, and irreversible regret, an unreachable dream, and an unforgettable love.

Diego Marchi

Todos sabían de Pulgarcito, desde aquel día que se volvió famoso por dejar trazos de piedras blancas para poder regresar a su casa. De las tantas veces que salvó a sus hermanos. De aquella hazaña cuando venció a un ogro. Y de cómo ayudó a su familia y se volvió el favorito de sus padres. Era sin duda un ser especial y estimado por la aldea.

Lejos estaban aquellos días en los que su padre tenían tantas dudas sobre el y sus capacidades. Ahora gozaba de completas libertades y la confianza era tal, que su padre no temía dejarlo salir. Para seguridad del padre Pulgarcito nunca olvidaba dejar el trazo de guijarros blancos que siempre indicaban a dónde iba.

Con frecuencia el trazo apuntaba a las viejas amistades de la familia. Iba con Caperucita y su abuelita con quien Pulgarcito tomaba el té y disfrutaba de las ricas galletas que ambas cocinaban. Luego de platicar algunas horas Pulgarcito y Caperucita afinaban sus voces cantando mientras la abuelita se sentaba a tejer y oírlos.

Lo que nadie sabía es que Pulgarcito no siempre se dirigía allí. En realidad eran pocas las veces que visitaba a Caperucita y más bien se desviaba del recorrido para visitar al Lobo. Aquel ser desterrado que vivía alejado del pueblo y cuya guarida alguna vez Pulgarcito encontró en sus tantas aventuras.

Tampoco nadie sabía que el Lobo no era como lo imaginaban. No podía negarse que era un ser agresivo y que le gustaba alimentarse de carne. Mucho menos se podía dudar de su peligrosidad y que era lo mejor mantenerlo lejos de la aldea. Pero tampoco podía negarse que era un ser con sentimientos. Pero Pulgarcito lo entendió y no solo eso, compartía con aquel Lobo algo de su personalidad.

Le gustaba ir al bosque con el Lobo y salir a cazar juntos. Le gustaba sentir esa adrenalina correr por su cuerpo. Cazar es instintivo, pero eso no significa que no se requiriera de destreza, audacia e inclusive inteligencia y Pulgarcito disfrutaba cada uno de esos momentos singulares que le ponían su cabeza a pensar. Y luego regresaba y charlaba con el Lobo mientras aquel disfrutaba de su comida. Era un vínculo peligroso, algo que ni sus padres ni su aldea jamás aprobarían y Pulgarcito estaba muy consciente de ello.

Y para disimularlo Pulgarcito cuidaba escrupulosamente sus movimientos y jugadas. Si bien era un maestro para eso de dejar pistas, aún lo era más en el arte de crear las impresiones correctas. Era un ritual que seguía a la perfección, trazar un camino de piedras que hacía sentir seguros a sus padres y borrar cada una de sus pisadas para no levantar la menor de las sospechas. Acaso parecía que podía seguir aquel proceso eternamente.

Pero eventualmente Pulgarcito comenzó a cansarse de aquel juego. ¿Era quizá el remordimiento que continuamente se apoderaba de su mente? ¿O era quizá el temor de pensar que algún día fallaría? ¿O quizá el hecho de que ocultarlo no le traería el bien a nadie? ¿O era quizá el hecho de que vivir una mentira lo convertía a el en un personaje poco honorable? Cuales fueran las razones, fue entonces cuando aquellas tácticas comenzaron a fallar. Y aquello era más que intencional; menos piedras, algunas incluso desperdigadas por el camino trazando otras rutas.

Una noche mientras regresaba, su padre lo saludó como siempre preguntándole cómo le había ido, pero esta vez su mirada, sus ojos, lucían diferente. Lo mismo el sonido de sus palabras. Era claro que algo sabía, aunque Pulgarcito no podía saber cuánto. Lo único que sabía es que con frecuencia los padres tienen extrañas conexiones con sus hijos.

“Te quiero mucho” le dijo su padre y añadió que fuera quien fuera siempre sería su hijo. Pulgarcito lo abrazó y le dio las gracias. Su padre también lo estrecho entre sus brazos. Y ambos se dieron las buenas noches y cada uno fue a su cama a dormir.

Se recostó en la cama y soñó. Soñó que corría por el bosque al lado del Lobo mientras el pasto jugueteaba con sus rodillas. La húmeda brisa abrazaba cada centímetro de su piel. El aire golpeaba su cara y le despeinaba sus cabellos al tiempo que despertaba su sentido del olfato. Respiró profundamente. En su cara se dibujó sonrisa.

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6 thoughts on “Pulgarcito. La otra historia

    • No, no te equivocas, es más que obvio. Aunque la ventaja definitiva es que la interpretación se vuelve demasiado subjetiva.
      Por otro lado aunque si tiene mucho de mi es de alguna forma el sentir de muchos si no es que de todos en algún momento de nuestras vidas.
      Saludos.

  1. Caperuzza dice:

    Que onda ese ray !!

    Desde la batiz sospechaba que eras Gay, ahora 14 años despues me doy cuenta que tenia razon.

    Muy original tu forma de decirlo !!

    Eres valiente

    Saludos !!

    • Si casi igual de valiente como tú, he he.

      Pues si así fue mi salida del closet, bueno, medio salida. Aunque no es el closet que la mayoría imagina, pero en fin. De hecho si de algo estoy orgulloso de este post, es que me ha dicho más de mis lectores que de mí. Como un espejo. Tanto que ya hasta tengo en la mira otros 2 similares.

      Y mira, ¿14 años? seguro te fallaron las cuentas un poquito. De cualquier forma se agradece su comentario.

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