My life

Doblemente doloroso


Si se admite que el suicidio es un crimen, sólo la cobardía puede impulsarnos a él. Si no es un crimen, tanto la prudencia como el valor nos obligan a desembarazarnos de la existencia cuando ésta se convierte en una carga.

David Hume

La muerte poco tiene de grato. Y cuando se trata de un familiar, de un amigo o hasta un conocido puede resultar terriblemente doloroso. Pero cuando se trata de un suicidio el sufrimiento es doble o quizá más.

Depresion

Justo hace ocho días me enteraba por Facebook de la muerte de un conocido que tenía todo el potencial de convertirse en amistad. Se trataba del dueño de un restaurante que solía frecuentar y que me gustaba mucho. Y era precisamente él quien lo hacía especial ya que gran parte de su esencia estaba impresa en cada uno de los detalles. Como diría otro conocido: “los sabores, el ambiente, así como la creatividad y el trato personalísimo”.

Siendo el alguien tan alegre, 36 años, el anuncio a todos nos tomó por sorpresa. Bastaron algunos comentarios para que surgieran las sospechas del sucidio. Su penúltimo mensaje en Facebook:  “pasará algo si digo… ‘llévame contigo Dios'”. El último era un punto (“.”), el punto final.

Todo ocurrió el día martes y fue en su mismo negocio. El jueves que pasé estaba cerrado y con sellos del ministerio público con la leyenda “Homicidio”. No sé todos los detalles y aún si los supiera creo que no los escribiría.

Y como ando sensible, me pegó. El jueves me disponía a hacer tiempo para ir un rato al velorio pero me aconsejaron desistir y opté por hacer caso. Rara sensación. Creo que nunca lo había vivido tan cerca. Sé que del lado paterno tenemos un familiar que se suicidó, pero estábamos tan pequeños que no impactó demasiado. De ahí en fuera no conozco más. Recuerdo también esta entrada de @cool_acid relatando algo similar.

Tampoco faltó el gusanito repicante que te atormenta pensando que podías hacer algo. Recuerdo que ese lunes antes del trágico suceso pensaba pasar saliendo del gym pero no lo hice porque “era muy temprano y seguramente todavía no abrían”. Recuerdo las últimas veces que lo vi, una de ella incluso besando a una chica. Las últimas pláticas que cruzamos. Todo se ha ido ahora.

Luego una espina, una semilla, una culpa, una idea contagiosa y destructiva. Como un mal que se transmite fácilmente. Al menos el resto de la semana estuvo dando lata. No era precisamente que pensara en el suicidio, solo inquietud y ratos de depresión. A platicar.

Una amiga me comentó que ha vivido experiencias similares. La más agresiva fue cuando un ex compañero de escuela le platicó sus planes de suicidarse. El simple hecho de saberlo y llevar esa carga la desgastó terriblemente. El psicólogo le dijo que era inútil cargar con la culpa. Añadió que un 90% de los que tienen el suicidio en mente no desistirán por más que se les diga. Lo superó. Nunca supo si aquel compañero ejecutó el plan con éxito. Y terminando de contarme me pidió que por favor cambiaramos de tema. Obviamente accedí. Tiene toda la razón, es como la grangrena, hay que cortarla antes de que infecte y se riegue a otras partes. Y aún con todo no dejar de aprender de los errores de otros.

Mis mejores deseos para su familia y sus amigos. Es difícil imaginar lo que una pérdida así significa. Se me hace un pequeño nudo en la garganta cuando leo las palabras de su hermano: “Lo único que encuentro ahora son mis lágrimas y mi rabia. Y el lado roto de mi corazón.”

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One thought on “Doblemente doloroso

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