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Heli y de cómo erramos el camino


Ayer fui a ver Heli, la polémica película que le dio a Amat Escalante el premio al mejor director en el festival de Cannes de este año. Me pareció un gran trabajo aunque me hizo salir triste y un tanto cabizbajo. No es solo una película sobre la narcoviolencia, más bien la definiría como un lienzo de nuestro país retratando perfectamente muchas cosas, en su mayoría malas y decepcionantes, de lo que es ahora es.

La historia es simple y bien contada, suficiente para mantenerte atrapado pese a esas largas tomas de escenas llenas de silencio que abundan en el “cine de arte”. Advierto que lo que viene a continuación es un spoiler así que puede saltar el siguiente párrafo si no le gusta que les cuente las películas de principio a fin.

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Heli (Armando Espitia) es un joven, quizá apenas mayor de 18 años, casado y con un bebé. Vive en Guanajuato con su mujer – una joven que se trajo de Durango – su papá y su hermana Estela (Andrea Vergara) en una mal lograda casa de 2 habitaciones que encontraríamos en cualquier parte que visitemos del país. Su hermana, de unos 12 años y estudiante de secundaria mantiene un noviazgo con Beto (Juan Eduardo Palacios), un joven cadete que pese a que le lleva algunos años apenas se nota que ha abandonado la cara de niño. Es este joven quien traerá la catástrofe a la familia al hallar y hurtar 2 paquetes de cocaína y convencer a Estela de ocultarlos en el tinaco de su casa prometiéndole que los venderá y con el dinero podrán casarse y huir para hacer vida en Zacatecas. Heli pronto descubre los paquetes, los abre y sin demora se dirige al campo para vertir el contenido en una zanja llena de agua. Luego regaña a su hermana, pero el daño mayor ya esta hecho, pronto los dueños de los paquetes capturan a Beto, asaltan la casa de Heli y Estela disfrazados de militares, asesinan al padre de ellos y se llevan a Beto, Heli y Estela al lugar donde Heli se ha deshecho de la droga. Al ver que esta se ha perdido irremediablemente, los narcotraficantes entregan a Beto y Heli a unos torturadores y se lleva a Estela a un lugar desconocido. Beto y Heli son colgados y golpeados en el interior de una casa común y corriente donde hay niños jugando videojuegos y la señora prepara tranquilamente la comida en la cocina que esta al lado sin inmutarse. A Beto, que es el principal responsable, le queman los genitales con gasolina y fuego. Luego en la madrugada ambos son transportados a otro punto de la ciudad donde a Beto terminan por quitarle la vida al colgarlo de un puente peatonal mientras que a Heli lo dejan tirado a un lado. Heli, como puede, regresa a casa con su mujer quien para ese entonces ya esta acompada de la policía y dos detectives. Con la pasividad, corrupción y burocracia que caracteriza nuestro sistema se inicia la búsqueda de Estela, una que desde el inicio se respira a fracaso. Al final Estela regresa sorpresivamente con un trauma perceptible y embarazada. Gracias a uno de sus dibujos, Heli logra dar con la casa donde Estela permaneció encerrada y ahí asesina a uno de los captores. Al final todo parece haber regresado a la normalidad: de nuevo Estela, de nuevo el bebé, de nuevo Heli y su mujer todos habitando la misma casa, pero ninguno es en realidad lo mismo.

(Fin del spoiler)

Las escenas, aún incluso la de los genitales quemados que hizo abandonar la sala a algunos espectadores en Cannes, la verdad son muy leves comparadas a otras películas, llámese Hostal o Zero Dark Thirty  (o incluso A Serbian Film que si es muy grotesca). Nada que no hayamos visto u oído en estos últimos años en México y eso es lo que le da el toque aterrador y espantoso: saber que es real y que esa realidad esta ahora a la vuelta de la esquina y tenemos que convivir (¿sobrevivir?) con ella.

Pero como dije, no solo se trata solo del miedo e impotencia ante la narcoviolencia que, si bien siempre ha existido, se ha dejado sentir mayormente los últimos años.  “Heli” es un retrato muy bueno de la triste realidad que se ha venido fraguando en nuestro pais hasta ahora. Para empezar tenemos una ausencia de justicia que nos ha llevado a desconfiar de las autoridades y a brincarlas, a involucrarnos fácilmente en la violencia y en la justicia por mano propia. Es simple pasar de víctimas a agresores y viceversa. Cuando Heli descubre la droga no considera como opción acudir a las autoridades, decide actuar por su cuenta. Cuando los detectives investigan el caso, insisten en que se culpe al padre de Heli para poder “iniciar” las averiguaciones y buscar a Estela. Su incompetencia es evidente y los rebasa. Al final Heli se convierte en otro incrédulo resentido que busca justicia propia y haya cierto desahogo a sus frustaciones mientras somete a su mujer en la cama.

Por otro lado tenemos la inequidad, esa que sigue haciéndonos un país de gente o muy rica o muy pobre. Vemos a Heli y su padre trabajar en una planta automotriz en lo que, considerando la región, podría considerarse un buen trabajo, uno “bien pagado”. Aún así, el sueldo de los dos apenas alcanza para mantener en la miseria a una familia relativamente mediana. Vemos gente muy joven abandonando la escuela y entrando al mundo “laboral” que no augura nada. Vemos a Beto en la milicia, un lugar que en muchos casos se considera la mejor opción para asegurar educación y sustento a los hijos (conozco a varios vecinos y amistades en mi colonia así) aunque la factura llegue después. En su anhelo por una mejor condición de vida, Beto se envuelve con las drogas y su intento resulta un fracaso mortal.

El otro punto , a mi gusto el más preocupante, tiene que ver con la educación, o mejor dicho, con la ausencia de ella. La ignorancia se respira a cada minuto de la película en los personajes. Al inicio, una chica del INEGI llega a la casa de Heli para hacer el censo, el diálogo, como dirían algunos en sus ácidos comentarios, “parece de niños de primaria” o suena “chafa”. Me pregunto si los que dijeron eso han ido a “provincia” y convivido con la gente. Tienen razón, todos son “dialogos de primaria” y es porque exactamente ese es el nivel de educación de nuestra gente. No es raro toparte con personas sumamente tímidas y retraídas que con solo al mirarlas a los ojos se sienten intimidadas. Articulan unas pocas palabras, ya ni siquiera pensar en que sean capaces de analizar y argumentar porque pocas veces lo han hecho en su vida. Aún hay lugares donde predomina la idea de que la educación escolarizada no se necesita. ¿Para qué si ni hay trabajo? dicen con cierto acierto algunos. Excepto que la educación no solo sirve para eso.  Ante los detectives levantando su denuncia, Heli siente que algo no va bien pero no es capaz de hacer algo, nos pasa seguido ante las autoridades, no sabemos ni nuestros derechos ni cómo proceder.  Pero con saber sumar y restar para algunos es suficiente y las mujeres ni se diga, aún oímos comentarios de que solo deben preocuparse por saber cocinar y cambiar pañales. Como la familia de Heli, la escuela es un mero requisito y la gente se “instruye” viendo la televisión (cuya programación es por cierto terrible). Insisto, la educación y enseñar a la genta a pensar es fundamental y prioritario. Alguna vez alguien me criticó diciendo, eso solo traerá delincuentes y narcos más inteligentes. No importa, prefiero mil veces eso a lo que veo ahorita y lo prefiero porque sé que no sucederá así tan malo como lo pintan. Quizá por eso insisto en compartir conocimiento, libros, tiempo con tal de que la gente de mi alrededor aprenda. Tengo fe en que eso es parte fundamental para lograr un cambio.

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El otro gran tema son los jóvenes y su desalentador futuro. La película gira entorno a ellos. Para muchos el sueño no va más allá que el de casarse y formar una familia. Tener un trabajo ya es pedir demasiado. Para colmo, aún esos raquíticos sueños se rompen. Heli lleva una vida “normal”, sencilla pero funcional, quizá hasta podríamos decir feliz. Pero su mundo demuestra ser demasiado frágil. De la noche a la mañana un evento mínimo, un pequeño error, les cambia la vida drásticamente y no pueden hacer nada para minimizar sus efectos. Una sombra negra se cierne sobre ellos dejando cicatrices físicas y emocionales. No son los únicos, a su alrededor percibimos lo mismo. Entre los hijos de los torturadores se esta gestando una nueva camada de asesinos y drogadictos que, cuales cuervos, quizá un día les saquen los ojos a sus padres de la forma más literal que gusten. El mismo hijo de Heli, un pequeño de meses, ya es víctima de la frustación y violencia de su padre. Estela termina en la necesidad de un tratamiento médico y psicológico que no puede costear y con un embarazo no deseado (la enfermera le advierte que no puede abortar porque las leyes del estado lo prohiben). Jóvenes con sueños rotos, obligados a madurar antes de tiempo. Algo se ha fracturado en todos ellos y no volverá a ser igual. Y son ellos una metáfora de toda una generación de mexicanos.

¿Para qué ir a ver al cine algo que vemos todos los días en las noticias? Violencia innecesaria dirá mucha gente. Yo les respondo que tienen razón y que a nadie se obliga a ver algo que no quiere. Nunca olvidaré las palabras que dijo cierta persona: “Si las terribles noticias les causan demasiada ansiedad, no las vean. Si, es negarse a la realidad, pero a veces es la única salida cuando uno esta demasiado vulnerable”.  Así que véala bajo su propio riesgo. Lo que si creo es que Amat no intenta vendernos la violencia sin sentido y alimentadora del morbo que se ve en otras películas, de haberlo querido así el filme tenía oportunidad de incluir escenas mucho más crueles y no lo hizo. Al contrario, me parece que cuenta una buena historia haciendo de esta una película comparable a lo que fue en su momento Canoa o Rojo Amanecer que por cierto, tampoco estuvieron exentas de escándalo. Al mirarla hay que hallar un punto de equilibrio porque ni podemos cegarnos a una realidad incuestionable ni tampoco podemos englobar a nuestro país lo que se muestra en un filme.

Asi que al final espero, para quienes decidan verla, que genere un momento de reflexión y pese a las tristezas que les pueda dejar también les impulse a generar ideas de lo que cada uno puede hacer para poner un granito de arena en un intento por cambiar esta realidad en nuestro país.

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