Lo que pienso, Sociedad

Una semana de desafortunados sucesos


Dice Alex Grijelmo que nos “juzgan los jueces, los árbitros […] Pero también las palabras”. El trabajador que defiende con fuerza sus convicciones profesionales puede para unos ser “tenaz” y para otros “testarudo”. Una misma realidad, diferentes palabras, diferente juicio. Esta semana ha sido el perfecto ejemplo.

La iniciamos con la inesperada muerte de Juan Gabriel a los 66 años. La magnitud de la noticia sirvió para distraer la atención del trending de hace dos semanas: el plagio en la tesis del presidente Enrique Peña Nieto. Quienes lo minimizan mantienen la postura de “el que este libre de pecado que arroje la primera piedra” y es que en este país “todos tenemos cola que nos pisen” y “o todos coludos o todos rabones”. En el otro extremo tenemos a los más indignados que consideran que el hecho no solo es suficiente para revocar su título, sino hasta para obligarle a renunciar a su cargo como mandatario a semejanza de lo que ha ocurrido en otros países. Me pregunto qué tanto cambiaría esa postura si el presidente tuviera un nivel de aprobación del 70% u 80% y no el veintitantos que se anunció hace unas semanas. Y es que aunque el plagio sin duda es un delito, no podemos ignorar que el hecho de que se trate de uno de los personajes más odiados de nuestro país tiene un gran peso al momento de adoptar cierta postura.

Carmen Aristegui ha hecho un buen trabajo pero dista mucho de ser la periodista imparcial y mucho menos perfecta. Quizá el día que escarbe con el mismo esmero en la vida de López Obrador, de quien hace poco se puso en tela de juicio su descuadrado 3 de 3, y a su partido MORENA, le hará un gran favor a los mexicanos para emitir juicios con la mente menos nublada; aunque difícilmente lo hará porque sería el suicidio de su carrera. Por lo mientras, y regresando al juego de palabras, lo que para la mayoría es “plagio” para la Presidencia son meros “errores de estilo” y para el presidente, según las palabras de ayer en su informe, “errores metodológicos”.

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Y en esas estábamos cuando el martes se armó otro lío con la columna de Nicolás Alvarado en Milenio. La frase que más caló en millones de mexicanos con los sentimientos a flor de piel fue: “Mi rechazo al trabajo de Juan Gabriel es […] clasista: me irritan sus lentejuelas no por jotas si no por nacas”. Aquel desafortunado y al parecer irresponsable comentario para el hasta ayer director general de TV UNAM desató una ola de fuertes críticas que lo llevaron a presentar su renuncia. De poco importó que en dicha columna el más grande de los párrafos aludiera al programa especial de Observatorio Cotidiano donde gente que el mismo Nicolás invitó se deshiciera en alabanzas al “Divo de Juárez” (recomiendo mucho escuchar el programa). Y es que a mi gusto hubiera sido realmente grave si su opinión personal se hubiera impuesto o se hubiera ofrecido como la visión de toda la comunidad que representa, cosa que no me parece que haya ocurrido. Tampoco importaron otras frases como en las que decía que dicha percepción era “su problema” y que “a Juanga le vengo guango”, o dicho de otro modo, que de poco valía lo que él pensara, quizá en ese sentido le hubiera venido mejor quedarse callado. Aunque no somos expertos en música, Yuri Vargas terminó dejando bastante en ridículo las acusaciones de que el cantante era un simple ‘letrista torpe y chambón’ y sus canciones más que solo “sintaxis forzada”.

Irónico y hasta sorpresivo que Nicolás se queje de las lentejuelas y las tache de “nacas” (corriente, de mal gusto) y “jotas” mientras su vestimenta extravagante que incluye un par de gafas con armazón blanco y sus modos afeminados fácilmente lo hacen caer en las mismas categorías que tanto desdeña. Regresamos al juego de palabras: “naco”, “jota”, “dandi”, “esnob”. Adelante, juzgue usted.

Pero posiblemente la más grave de estas palabras sea la de “clasista” que alude , según la RAE a la “diferencia de clase y discriminación por ese motivo”. Quizá por eso el CONAPRED ha solicitado la aplicación de medidas precautorias y hasta una disculpa pública. En lo personal, aunque admito que Nicolás Alvarado se equivocó, no puedo pasar por alto que después de lo ocurrido me queda también un mal sabor de boca en lo que tiene que ver con el derecho a disentir. Me duele pensar que para muchos la lección sencillamente será que tiene que gustar Juan Gabriel y no puedes hablar mal de él. ¿Hubiera podido Nicolás Alvarado decir lo mismo con otras palabras o de cualquier manera lo íbamos a echar a la hoguera?

Ese mismo martes por la tarde las redes sociales comenzaron de nuevo a hervir al revelarse que Donald Trump, el candidato republicano, venía a México por invitación del presidente. ¿En qué cabeza cabe? Es la pregunta que hasta el momento todos nos hacemos excepto la Presidencia de la República que ha defendido los supuestos beneficios de este acercamiento. Enrique Peña Nieto ha venido diciendo que solo tenía dos opciones: callar o enfrentarlo. Yo creo que tenía una tercera y era mejor: esperar hasta después de las elecciones. Entiendo y hasta cierto grado justifico desde una óptica diplomática que la postura de la Presidencia ante los comentarios de Trump haya sido muy blanda. Ante un escenario con Trump como presidente de los Estados Unidos se va a necesitar alguien con la cabeza muy fría y con la razón por arriba de los sentimientos.

De cualquier forma, la reunión Peña-Trump me parece un terrible e innecesario error que hiere profundamente la dignidad de los mexicanos. Peña Nieto no paró de decir que le dijo a Trump, en privado porque a nadie le consta, que los mexicanos no pagarían el muro y, de nuevo juego de palabras, que somos nosotros los que hemos “malinterpretado” sus dichos. Horas después, el candidato republicano se presentaba en Arizona diciendo “Vamos a construir el muro en la frontera … y México lo va a pagar, el 100%. Ellos no lo saben aún, pero lo van a pagar. Son personas increíbles y grandes líderes, pero van a pagar por el muro”. Así de claro ha dejado ver Trump que el mensaje de Enrique Peña, si es que realmente se lo dijo de frente, se lo pasa por los tanates. En Estados Unidos, según las estadísticas el viaje le ha favorecido a Trump dándole algunos puntos de ventaja. Otros destacan la hipocresía, el doble discurso que cambió el candidato en un par de horas, como un adelanto de lo que les espera a los que han depositado su confianza en él. Pero en México virtualmente todos nos sentimos indignados por dicho encuentro.

Y ya por último ayer, el informe de gobierno. Un mensaje que a nadie deja satisfecho, el presidente nos viene a contar maravillas de un país que nadie ve excepto él. El “nuevo” formato sigue siendo aburrido, en especial por ese discurso político lleno de labia que lo menos que ofrece son respuestas. Un auditorio lleno de jóvenes que a pocos nos sorprende que hayan sido filtrados y que la mayoría simpatice con el PRI; no iban a darse el lujo de perder el control. Pese a los elogios junto con las solicitudes de apoyo, me parece rescatable que hubo algunas preguntas buenas como la del plagio de la tesis y el asunto de los “gasolinazos”. Desgraciadamente el formato no incluye la réplica y hubo que conformarse con la versión del presidente que contenía mucha mucha paja. Culmina así una semana bastante triste.

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One thought on “Una semana de desafortunados sucesos

  1. On dit que songe est une illusionQuand en songeant on a la visionDe aucune chose avenir impossibleSouvent on songe aucun songe nuisibleL’autre …doux, courtois, gr;.ceux……&#8230a…….iL’an mille cinq cent vingt et un en octobre

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