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“Internet es nuestra ansiedad colectiva”


Estaba viendo el Chelsea Show de hoy y me gustó esa frase que pronunció Kristen Bell. El contexto es que muchas veces nos quejamos del presente y sentimos que todo esta mal pero se nos olvida pensar que en realidad hay muchas cosas mejores que años atrás. Por ejemplo, la esperanza de vida de la humanidad, que se ha venido incrementando constantemente incluso en el continente africano. Quien niega este hecho quizá le vendría bien pensar (y lástima que no existe una máquina del tiempo para poder enviarlo al pasado) que hace apenas poco más de un siglo nuestra esperanza de vida era de 40 años.

Claro que aún existen problemas por resolver y también es cierto que algunas decisiones, cambios y avances tecnológicos han traído nuevos problemas acompañados de las ansiadas soluciones.

Internet es hasta ahora la cumbre de la revolución informática. Ayer comencé a usar Audible (pronto les compartiré mis comentarios al respecto). Mientras escuchaba el audio en español, seguía la lectura del libro en inglés. Por la noche, mientras veía Netflix recostado en mi cama, me puse a recordar mi juventud y me parecía difícil imaginar esa temporada en que uno no tenía Internet para conseguir información con un par de teclazos. ¿Es posible que el tiempo que requiere un estudiante de primaria de la actualidad para cubrir cierto plan de estudios sea menor que el requería un estudiante hace 20 años? Parece que sí, aunque eso quizá requiera otra entrada.

Como efecto secundario, Internet se ha convertido en un magnificador de sucesos. En general, podríamos hablar de un balance positivo cuando pensamos en el trabajo de las redes sociales en cuanto a difundir información, buena o mala, cierta o falsa, en cuestión de minutos. Sin embargo, el bombardeo de información negativa a veces sencillamente es demasiado. No es que en el pasado no ocurriera, es que ahora nos damos cuenta más fácilmente, llámese corrupción, violencia o la próxima #ladyAlgo. Y aclaro, esto no quiere decir que niegue estadísticas que también confirman el acrecentamiento de algunos problemas sociales, más bien hago énfasis en cómo estas noticias pueden llegarnos de golpe, masivamente, en una experiencia semejante a intentar llenar un vaso de agua con el hidrante. Así terminamos alimentando nuestras preocupaciones, agregándole más ansiedad a la que ya nos otorga la vida cotidiana. Somos, haciendo referencia las estadísticas que mencionaba previamente, la generación cuya depresión amenaza con desbancar del top ten mundial a enfermedades como el cáncer o la diabetes.

Ante estas circunstancias y cuando la ansiedad comienza a hacer estragos, a veces lo mejor es simplemente cerrar el grifo de la información. Hasta cierto grado puede interpretarse como negación a la realidad, “si no lo veo no pasa”; pero es también un acto de supervivencia y de forma imperceptible era lo que sucedía con las generaciones anteriores. Recuerdo aquella frase de Jesucristo de que ‘cada día tiene su propia maldad’ (Mateo 6:34) y también ‘¿quién por preocuparse puede añadir un codo a la medida de su vida?’ (Mateo 6:27) lo cual encierra una gran verdad: mientras que la preocupación moderada y racional nos mantiene alerta ante el peligro y nos ayuda a ser previsores, la preocupación desmedida nos paraliza y nos enferma.

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