Libros

La banda de los niños

Si mueres a los 90, centenario. Si mueres a los 20, legendario

Antecedentes

Hace unos 7 años leí Gomorra, una historia que sentía sorprendente pero sobre todo tan distante. Roberto Saviano expuso a la Camorra y se ganó la atención del mundo (con mis aplausos incluidos) a costa de su libertad y un precio por su cabeza. Lejos estaba yo de imaginar que los siguientes años convertirían a México en referencia del narcotráfico, que la violencia y la inseguridad acompañada de miles de muertos nos pondría en las listas de los países más violentos del mundo y que lugares tan cercanos como Ecatepec se convertirían en los peores para vivir.

En 2014 leí CeroCeroCero, justo después de un sexenio que inició una guerra feroz contra el narcotráfico que no acabó bien. Ilusamente creíamos que las aparatosas cifras de muertos iban a bajar pero no sería así. Bajo vigilancia con escolta permanente, Saviano se dedicó a bosquejar un mapa mundial del narcotráfico que abría su telón con México y cuyo objetivo primordial era convencernos de una terrible pero posiblemente única salida: necesitamos sacar las drogas de la ilegalidad. Desde el enfoque de la salud y el ético, esta propuesta siempre genera demasiada incomodidad; pero cuando se entiende el narcotráfico como probablemente el negocio más redituable del mundo, entonces debemos regresar a nuestras clases de economía y abordarlo desde una perspectiva de mercado. Las restricciones, junto con la guerra anti-narco solo han conseguido elevar el precio del producto, la oferta, en medio de un mercado que lo demanda fuertemente y que esta dispuesto a pagar lo que cueste. La legalización no resuelve los problemas milagrosamente, pero si puede contribuir de manera notable en disminuir los enormes flujos de dinero que manejan los capos y que les permiten comprar desde armas hasta las más íntegras conciencias. Tampoco reduce la cifra de muertos por consumo de drogas, es más, de entrada posiblemente la incremente (reduciendo irónicamente la demanda), pero es diferente lamentarse por un drogadicto que no la libró, aunque sea tu hijo, a lamentarse porque tu hijo se encontró en medio de una balacera regresando de la escuela y acabó tendido en el pavimento.

De Pantaleón y las visitadoras a Nicolás y su banda

La banda de los niños es el más reciente trabajo de Saviano. Ubicada en Nápoles, la novela se inspira en personajes reales, en su mayoría menores de edad. Casi a todos nos venden la idea de que la fama, el dinero y el poder son sinónimos de la felicidad y en algunos ambientes la manera más fácil de obtenerlos es involucrándose en el tráfico de drogas, la extorsión u otros negocios ilegales. Para la gente sin escrúpulos que abunda en estos negocios, los niños representan un gran atractivo: su falta de madurez los hace fácilmente manipulables, temerarios e incluso crueles, su vigor juvenil es envidiable y por si fuera poco, cuando son capturados la Ley suele darles un castigo más suave. Para Saviano, son como peces jóvenes que embelesados por los destellos de las luces de las paranzas, las barcas de pesca que usan lámparas como señuelo, se acercan para acabar capturados en redes. Tan directa es la metáfora que la palabra italiana paranza también se entiende como “banda de niños de la camorra”.

Recuerdo que en la universidad me dejaron leer Pantaléon y las visitadoras para identificar las fases del proceso administrativo en aquel extraño servicio de prostitución que el capitán Pantaleón Pantoja tiene que montar para desfogar las ganas de los soldados del ejército de Perú. Algo similar sentía mientras leía La banda de los niños. Nicolás, el jefe de la banda, es el “empresario” atrevido y visionario. Su sueño inicial es conseguirse un acceso permanente en el exclusivo reservado del Nuovo Maharaja, un lugar de moda con protección de la mafia, y poder llevar ahí a sus amigos y su novia Letizia cuando se le antoje. Su ambición de inmediato le permite ubicar un “área de oportunidad” cuando surge un vacío en “el mercado” como resultado de algunos movimientos de las familias que controlan el negocio de las drogas. Lo que sigue es una historia de ascenso al poder con chiquillos que no alcanzan aún los 20 años y que posiblemente no llegarán a los 30. Qué importa, como dice la frase inicial, lo corta que sea la vida mientras consigan convertirse en leyenda.

El final es bueno y brusco, aunque tampoco inesperado. La banda y las demás mafias se rigen por sus propias reglas. La traición es un pecado, pero con frecuencia también el camino más común para hacerse del siguiente nivel. La historia termina con una “empresa” consolidada: ha nacido una nueva banda… y busca venganza.

Hemos perdido la batalla

Excepto por algunos detalles mínimos, tenemos que asumir que Nicolás es uno de esos “árboles que nació torcido”. Saviano no se preocupa en darnos demasiados detalles de él ni de los demás chicos. Ni antecedentes ni motivos. En ese sentido a los personajes les falta algo de profundidad. Quizá todas estas carencias sean intencionales y su ausencia se deba a que cada uno de nosotros puede tratar de inferirlas. Basta con mirar a nuestro alrededor…

Gabriel Retes en Bienvenido Welcome ya comentaba que el cine (junto con los demás medios de comunicación) y la realidad son parte de un bucle infinito que se retroalimenta de continuo:  el cine es un reflejo de la realidad y la realidad con frecuencia adopta lo que el cine dibuja. En mi colonia, la serie de moda es “El señor de los cielos”. Chicas y chicos, con un elevado porcentaje de deserción escolar, encuentran en sus personajes los rol model a seguir. De igual forma, las bandas italianas se inspiran en series como Gomorra de la cual el mismo Saviano es guionista. Remedio y mal juntos. Quizá debemos replantear el asunto, quizá hoy ya no aplaudo tanto a Saviano que sin remordimientos celebra el éxito de su serie que estrena la tercer temporada y que parece que hoy aprovecha su condición para hacer un gran negocio.

En mi intento por aportar siempre he intentado dar algo de ayuda a los jóvenes de mis alrededores. En especial a aquellos que la tienen más difícil. Los resultados han sido agridulces y últimamente se ven estorbados por este pensamiento recurrente: estamos luchando una causa perdida.  En general, en la colonia, las familias con educación y un nivel medio tienen entre 0 y 2 hijos, las familias de bajos recursos y poca educación tienen en promedio 4 hijos. La mayoría de estos hijos repetirán el mismo patrón de la familia que vienen. No se necesita ser un gran matemático para darse cuenta que estamos rebasados y difícilmente parece haber una solución. Esta desproporcionada cantidad de adolescentes solo termina engrosando las filas de una sociedad cada vez más endeble. ¿Llegaremos a un punto donde tengamos que volver a la ley del mas fuerte? ¿Existe un punto de no retorno? Mi mejor apuesta es imaginar que se trata de esas crisis que tienen que llegar a su punto más bajo y tronar para dar paso a algo nuevo y seguramente mejor, aunque seguramente muchos de nosotros ya no estaremos vivos para ese entonces.

Ilustración: La banda de los niños del periódico República

 

Estándar
Libros

De qué hablo cuando hablo de escribir

Dice Daniel Zavala (@Siedrix) que su método para cocinar consiste en leer una receta de Internet, grabarse con una GoPro ignorando la receta y haciendo lo que se le dé la gana y si el resultado es bueno, entonces ver la grabación y anotar la receta. Ignórela, si gusta, la próxima vez que cocine y repita ad infinitum.

Convertirse en escritor (literario) bien puede asemejarse a ese proceso. Uno va a encontrar muchas recetas en forma de libros, experiencias y blogs. Habrá algunas coincidencias pero también grandes discrepancias. Al final te darás cuenta que tendrás que construirte tu propia receta mediante un proceso a prueba y error.

51kq5z9ubul

Una de esas recetas es “De qué hablo cuando hablo de escribir” de Haruki Murakami cuya traducción recién nos ha llegado al español. Lo siguiente es un breve resumen del libro.

Capítulo 1: De vocación, novelista…

Dice Murakami que cuando un escritor intenta incursionar en el terreno de otro, llueven las críticas. Pero si algún amateur de otra profesión incursiona en la novela, entonces es bien recibido. La diferencia quizá se deba a que escribir una novela puede ser fácil, pero sobrevivir y permanecer vigente no lo es. El amateur no representa en ese momento una amenaza. También dice que escribir novelas no es para “los extremadamente inteligentes”, los que suelen escribir de forma concisa y directa pues su preparación los ha acostumbrado a transmitir el mensaje de la manera más simple y lógica y por lo tanto se alejarán de la narración, elemento fundamental del escritor. Aunque el trabajo de escritor pueda considerarse innecesario y el proceso de escribir una novela algo “torpe”, lento y fastidioso, esta labor aporta al mundo, según sus palabras, “un elemento de equilibrio sin el cual se deformaría sin remedio”.

Capítulo 2: Acerca de cuándo me convertí en escritor

Nos narra sus inicios, llenos de apuros y dificultades que al final reconoce fueron “de invaluable aprendizaje”. La idea de volverse escritor llegó en abril de 1978 en un partido de béisbol. Su primera obra nacería meses después: Escucha la canción del viento. Insatisfecho con el borrador descubrió que escribir en japonés, su lengua materna, le daba demasiada libertad; pero que si escribía en inglés sus posibilidades se reducían y lo obligaban a escribir en frases cortas, con una estructura gramática más simple. Ahí encontró un estilo propio con el que reescribió Escucha la canción del viento. Para los críticos aquello fue una ofensa a la lengua japonesa.

Capítulo 3: Sobre los premios literarios

Sobre los premios literarios, Murakami dice que no le importan, que son engañosos y que con frecuencia aportan más cosas malas que buenas. Su carácter solitario lo mantiene alejado del mundo literario y los concursos donde varias ocasiones ha sido invitado como juez. Lo que importa son los lectores y ellos son los verdaderos jueces. “Si una obra es buena de verdad, todo el mundo la recordará y habrá superado así la prueba del tiempo”.

Capítulo 4: Sobre la originalidad

¿Qué hace original una obra? Para Murakami, debe cumplir con los siguientes requisitos: 1) Tener un estilo propio, diferenciado de los demás. 2) Ser capaz de superar ese estilo peculiar a medida que pasa el tiempo. Debe crecer y evolucionar. 3) Con el paso del tiempo debe tener la fuerza para convertirse en estándar, en norma. En muchos casos esto obliga a romper con los lineamientos establecidos y en Japón, donde la cultura se rige bajo un principio de armonía y uniformidad, esto suele producir un fuerte rechazo. “La originalidad es algo fresco, enérgico e inconfundiblemente propio”.

Capítulo 5: Ahora bien, ¿qué escribo?

¿Qué hábitos o entrenamiento pueden ser útiles para convertirse en escritor? De entrada, leer mucho. También evitar sacar conclusiones precipitadas o rotundas, esa labor le va mejor al periodista, al crítico u otro estudioso. El escritor espera, no hace juicios de valor fácilmente. Por otro lado, debe aprender a acumular los materiales de la realidad tal cual. Lo que más le ayudará será coleccionar elementos útiles, detalles concretos y almacenarlos en una “taquilla mental” listos para enlazarlos al escribir una historia. En conclusión, el que aspira a escritor debe ser un observador capaz de ver en el mundo que lo rodea “piedras preciosas en bruto tan atractivas como misteriosas”.

Capítulo 6: Que el tiempo se convierta en un aliado …

Escribir una novela es un trabajo que requiere tiempo, disciplina y perseverancia. El método de Murakami es más o menos el siguiente: completar 10 páginas al día y cuando la novela esta terminada, prosigue una serie de dos, tres o más reescrituras separadas por tiempos más o menos largos de descanso. Es después de esto que llega el momento de pedir una tercera opinión y entonces … más reescritura. Él mismo admite: “habrá lectores a los que les guste […] y otros a los que no”.

Capítulo 7: Una infinita vida física e individual

Escribir novelas es un trabajo solitario. Una novela larga, para Murakami, se traduce en uno, dos o hasta tres años con mucho tiempo detrás de un escritorio y jornadas que inician en la madrugada y se prolongan cinco a seis horas. “La sobriedad y monotonía resultan imprescindibles si uno quiere escribir”. ¿Cómo se consigue la persistencia? “Logrando que el cuerpo se convierta en un aliado”, dice él y añade que “la agilidad mental y la flexibilidad espiritual” están ligadas a la fuerza física. Correr y nadar le han resultado los perfectos aliados. Vivir plenamente implica “cuidar el cuerpo, la estructura física que guarda nuestro espíritu, y avanzar firmemente con él hacia adelante, paso a paso”.

Capítulo 8: Sobre la escuela

¿Hasta qué punto la escuela le fue útil como escritor a Murakami? En poco. En general, su sentir es que perdió demasiado tiempo memorizando cosas absurdas y aburridas en lugar de aprovechar otras oportunidades, encontrar sus fortalezas y explotarlas. La intención no declarada de la escuela es convertir a los estudiantes en ovejas que resulten fáciles de manipular y extiende ese mismo sentir a todo aspecto del sistema social de su país. El sistema educativo debería dejar espacio para que las personalidades de los estudiantes encuentren un camino propio, una forma de vivir, uno que no aplaste la imaginación.

Capítulo 9: ¿Qué personajes crear?

Sobre los personajes de las novelas, Murakami reconoce que casi nunca se basa en personas reales y si lo hace, los transforma casi por completo. Más bien, extrae en automático información archivada en distintos compartimientos de su cerebro y la combina para formar un personaje según lo demande su historia. Eso sí, es imprescindible conocer a muchas personas, no a fondo, pero si en su apariencia, forma de expresarse y actuar. En un principio, sus relatos fueron siempre en primera persona del singular masculino. Con el tiempo comenzó a experimentar con otros recursos: narradores y terceras personas. Por lo general, cada que empieza una nueva novela, Murakami se pone uno o dos objetivos concretos, casi siempre de tipo técnico, que le planteen algún desafío. El escritor debe crear personajes que parezcan reales y resulten interesantes, atractivos y autónomos. Si estos de verdad están vivos, a partir de cierto momento terminarán por moverse solos a la par de la historia o inclusive hasta tomaran de la mano al autor para llevarlo a lugares insospechados.

Capítulo 10: ¿Para quién escribo?

En pocas palabras, escribe para sí mismo, para sentirse bien. Cualquier acto de creación tiene una intención de curación o de corregirse a si mismo. Murakami escribe sin pensar en un lector en concreto, quizá por eso se considera un escritor intergeneracional. Aún así, en momentos escribe para un lector imaginario sin edad, profesión o sexo lo importante es que ese lector este de algún modo conectado a él. Las críticas duras le duelen, las positivas le animan y siempre se siente satisfecho cuando alguien afirma que alguna de sus novelas le ha aportado algo positivo. El trato con sus lectores es escaso y limitado, pero cuando lo hace, procura que sea bastante personal. Agradece a los lectores sinceros que le dicen “Me ha desilusionado mucho si nuevo libro”, es señal de que existe cierta confianza. Si un libro no les ha gustado, desea de todo corazón que el siguiente si lo haga.

Capitulo 11: Salir al extranjero. Nuevas fronteras

Es un resumen de cómo se dio a conocer al mundo y llegó a ser escritor de best sellers. El primer gran paso fue Nueva York. Su idea de probar suerte en Estados Unidos se debió por un lado a que Japón vivía un boom económico y solo se hablaba de dinero y por otro lado se debió a la mala crítica que continuamente recurría a atacar su vida personal más que sus novelas. El éxito en Estados Unidos curiosamente también se tradujo a una gran aceptación en toda Europa y Rusia. Con los países asiáticos el éxito se mantuvo al margen. Murakami esta convencido que las editoriales y personas con las que se asoció, incluyendo traductores, son los grandes responsables de dicho éxito. Quizá por todo eso se siente más obligado a atender apariciones en el extranjero que en su propio país. Aún así sabe que nunca dejará de ser un escritor japonés. “Resulta extraño, pero me fui de Japón porque quería escapar de mi país natal y de sus rígidas estructuras, y al final no me ha quedado más remedio que establecer una nueva relación con mi país de origen”. ¿Queda alguna frontera a vencer? Sí. Murakami se considera un escritor en su punto medio del proceso de evolución. Ya se afianzó en Japón, ya salió al extranjero. Ahora le falta llegar a la lejanía, a territorios nuevos y desconocidos sean estos geográficos o bien las profundidades de sí mismo.

Conclusión

Como mencioné al principio, es la “receta” de Murakami para ser escritor y no es única. Puede o no funcionar para otros. Los primeros capítulos me parecieron un desembocadero de quejas de alguien que afirma que la crítica no le importa pero al final le tiene que dedicar muchas páginas. De igual forma, difiero con algunas de sus ideas sobre la escuela, me parece que pese a lo cerrada que pueda ser, al final termina aportando una disciplina así como un conjunto de habilidades que serán muy útiles para el escritor, desde el simple hecho de aprender a leer y escribir hasta la comprensión de textos y técnicas de estudio. Tampoco me parece que el ejercicio o la salud vaya siempre de la mano con la labor del escritor, hay varios escritores que en definitiva no siguen este patrón.

De las cosas con las que si estoy de acuerdo es que el escribir debe hacerse hasta cierto grado para uno mismo siempre. Uno siempre será el primer lector (y con suerte también el mejor crítico). En mi caso, con frecuencia regreso a releer mis entradas para revivir recuerdos o descubrir cómo he cambiado mis ideas, en ese sentido me doy por satisfecho incluso en entradas que son muy poco leídas. Aún así supongo que en determinado momento uno tiene que voltear a ver a los demás y encontrar ese punto donde uno sigue disfrutando de escribir y ha encontrado un grupo de lectores que disfrutan de tu estilo. En el aspecto de la interacción social tenemos a un escritor que prefiere la soledad y vivir alejado de los reflectores, algo que también me hace sentir muy identificado.

Entretenido mas no indispensable. Este libro es producto de la necesidad de Murakami de poner por escrito sus reflexiones que rodean su trabajo como escritor. Las ha escrito de manera espontánea a lo largo de varios años. Es un conjunto de temas que ya ha dicho en otros lados y no pretende convertirse en un manual. Es “algo personal” y “casi egoísta” dice él. Pero si a alguien le sirve le alegraría mucho.

Estándar
Libros, Uncategorized

Libros que leí en 2016

Voy a retomar la olvidada tradición de hacer el resumen de libros que voy leyendo cada año pero esta vez solo incluiré en el post los libros que me parecieron más sobresalientes. El resto de mis reseñas y la lista completa están en Goodreads, para los que me tienen agregado. Antes de iniciar, les tengo que decir que de nuevo fracasé este 2016 con el reto Goodreads y de 20 libros que me había propuesto leer, solo completé 13. La verdad es que a veces sencillamente no me sentía con el humor de leer, aunque a mi favor puedo decir que pude completar algunos libros algo extensos que ya mencionaré.

265330Comenzaré con Otras Inquisiciones de Jorge Luis Borges, un libro que leí y no entendí del todo cuando era joven e inmaduro pero que esta vez me resultó muy grato y revelador. Muchas veces me perdí horas buscando información extra sobre alguno de sus temas que inevitablemente te llevan a otros y así sucesivamente. Los ensayos abordan a otros escritores, el tiempo, la metafísica, la religión. Me parece increíble la capacidad de Borges y otros autores para retener referencias y conectar datos en una época en la que no existían las bondades del Internet. En conclusión, Borges seguirá siendo uno de mis grandes favoritos.

29437506Ikigai es un libro de Héctor García, alias Kirai, a quien le sigo la pista desde hace mucho tiempo y siempre lo he visto como un gran cerebrito. El libro analiza la vida de los longevos de Okinawa y enlista una serie de factores que pueden contribuir que vivan tanto tiempo. De estos, un elemento que resalta es el que siempre se mantienen activos y de hecho “Ikigai” es una palabra japonesa que engloba esa filosofía. Mi mayor queja acerca del libro es que en momentos se aleja mucho del rigor científico y se decanta por contarnos filosofías orientales que suenan bastante charlatanas. Aún así lo recomiendo porque en vista de la mala salud que me ha aquejado, adoptar algunos hábitos descritos aquí me ha funcionado para sentirme mejor.

24911393Medicina sin engaños es un excelente trabajo del bioquímico J.M. Mulet que echa por tierra la mal llamada “medicina alternativa”. Quienes me conocen, sabrán que frecuentemente tengo discusiones al respecto y por lo general nunca terminan bien. Debo admitir que incluso al leer el libro me topé con algunos temas, por ejemplo la herbolaria o la quiropráctica, donde uno puede resistirse a aceptar algo contra su sistema de creencias. Por ello, no son pocos los que tachan a Mulet del típico cómplice del sistema o el vendido a las farmacéuticas. La realidad es que en un mundo donde abundan las charlatanerías, urge que todos aprendamos a distinguir la verdadera medicina de la falsa.

23888015La seducción de las palabras fue una excelente recomendación de @rugi. Soy gran fan de la historia de los lenguajes y de las palabras. Siento una especie de placer indescriptible cada vez que escucho el origen y la evolución que ha tenido una palabra, porque va tan ligada a la cultura y a la misma historia de humanidad. Por esa y otras razones, queda claro que el poder de seducción de la palabra puede ser inmenso. Álex Grijelmo nos revela esos mecanismos de seducción que igual se usan para enamorar a través de la poesía como para manipular a las masas bajo la propaganda política o la próxima campaña de marketing de verano.

24844474Para todos aquellos que estudiaron computación, ¿se acuerdan de las primeras clases donde se analizaba la historia de las computadoras? Pues Los innovadores esta mil veces mejor. Se trata de una lectura electrizante e inspiradora que hace un recorrido por la historia de la computación hasta nuestros días, pero siempre tratando de desentrañar los sucesos que llevaron a las grandes revoluciones o que fueron los motores de la creatividad. Desde Ada Lovelace, muchos visionarios imaginaron el futuro e intentaron construirlo aunque con frecuencia se toparon con limitaciones fuera de su alcance. La mayoría de nosotros vivimos en un momento privilegiado de esta historia y no solo podemos ser testigos, también tenemos la oportunidad de darle forma.

18744201Umberto Eco falleció en 2016 dejando un espacio intelectual difícil de llenar. Por tal motivo, leer El nombre de la rosa para mi fue algo significativo. En el texto, extenso y detallista, Umberto hizo gala de su profundo dominio de las lenguas y la semiótica, así como uno de sus temas favoritos: la Edad Media. Como él mismo explica en los apuntes finales, para construir la novela primero fue necesario construir el escenario: una abadía medieval con una magnífica biblioteca aislada en los alpes italianos. Luego hubo que poblar el escenario de la manera más creíble con monjes, personas, costumbres, horarios, muebles y sobre todo libros. La brillante versión cinematográfica palidece terriblemente ante el libro que abunda en diálogos, reflexiones y contextos históricos necesarios para una comprensión más profunda de la obra. Incluso hay una buena cantidad de diferencias entre el libro y la película. ¿Esta la ciencia exenta de dogmas o es siempre irrazonable la religión? Esta cuestión parece quedar latente al final de la obra de Umberto donde escudado tras los ojos del viejo y aún confundido Adso de Melk, el personaje que realiza la crónica, concluye con la frase que daría el título a la obra: stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus.

Algo que debo añadir respecto a estos dos últimos libros, es que me resulto de gran ayuda usar Audible, los libros en formato de audio de Amazon. Sin embargo, fueron pocas veces las que solo me dedicaba a escuchar; la mayor parte del tiempo escuchaba mientras seguía la lectura ya sea en el libro impreso, en el caso del primero libro, o en la versión electrónica en Kindle, en el caso del segundo. En promedio cada libro implica un tiempo neto de unas 20 hrs de lectura, lo cual es algo considerable. La experiencia con Audible me ha resultado bastante buena, aunque pagar unos $300.00 pesos mexicanos mensuales por el audio en un plan de renta no lo es tanto. La verdad es que espero utilizarlo todavía para un par de libros más y entonces cancelarlo. Mientras me consuelo diciendo que he gastado esa cantidad en peores tonterías.

Por último, ya establecí mi reto Goodreads para este año y he vuelto a poner 20 libros. Espero esta vez ahora si llegar a la meta. ¿Ustedes ya tienen su reto? ¿No se animan a entrarle?

Estándar
Libros, Lo que pienso

Luis González de Alba 

Luis González de Alba llegó a mi en el año 2000 por “El burro de Sancho y el gato de Schrödinger”, un libro que hablaba de ciencia y aún hoy es de mis favoritos. Él no era ningún físico o astrónomo, de hecho su carrera fue de psicología y toda su vida se arrepintió de no haber elegido las ciencias. Sin embargo, siempre conservó el gusto de la lectura científica y con frecuencia escribió sobre ella en libros y periódicos. Su estilo alejado del lenguaje técnico conseguía una lectura amena y digerible.

Fue hasta ese momento que conocí la otra parte de su historia, la más famosa, como dirigente del movimiento estudiantil de 1968. Leí un par de artículos en Internet pero no le dediqué mucho tiempo a esa parte, más bien, me enfrasqué en conseguir otro de sus libros: “Los derechos de los malos y la angustia de Kepler”. De este libro me interesaba su divulgación científica y la defensa de la homosexualidad, pero curiosamente me terminó gustando más por desmontar los mitos de la conquista de México y por su crítica al indigenismo, ambas partes abordadas en la sección “Las mentiras de mis maestros” que después sería incluso publicada por separado. De todos estos temas escribí algunas entradas.

Con el paso de los años le seguí la huella en uno que otro texto que escribía en periódicos y luego finalmente lo encontré y seguí en Facebook donde lo amé y odié por igual. No se andaba con medias tintas y continuamente estallaba ante la crítica. Aunque le tiraba a todos los partidos por igual incluyendo al PRI y al presidente, a veces parecía estar demasiado alineado con estos últimos, ofreciendo justificaciones y fue siempre criticado por ello. El Islam le parecía detestable en cualquiera de sus formas mientras que defendía el judaísmo e Israel (ignoro si creía en algún tipo de divinidad, yo siempre lo leí ateo aunque muy fan de la cultura judía y griega). Mantuvo un eterno conflicto con Elena Poniatowska desde que la acusó de tergiversar texto de “Los días y los años” en la novela de “La noche de Tlatelolco”. En los comentarios de los últimos años también abundaba la desacreditación al movimiento de los 43 de Ayotzinapa y sus solicitudes para que se diera la medalla Belisario Domínguez a el empleado Gonzálo Rivas Cámara que murió a consecuencia de las quemaduras que sufrió intentando apagar un incendio provocado por las protestas de  estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. A veces podías no estar de acuerdo, pero siempre me parecía una lectura obligada para ver los temas desde otra perspectiva.

El día de ayer se fue súbitamente a sus 72 años. Sorpresivo para mí pero para unos pocos se trataba de un suceso anunciado. Las últimas entradas y su publicación en Milenio (escrita con 2 meses de anticipación) tenían un olor a despedida. La coincidencia de su muerte con el 2 de octubre levantaba la sospecha que horas después se confirmaría: suicidio por un disparo en el tórax. La última entrada en Facebook y Twitter alude al Salmo 71 (“Oración de un anciano”) y la frase “No me abandones”. ¿Se estaba arrepintiendo? ¿le pesaba la vejez y la añoranza de su juventud? Una parte de mi cree que uno debe irse cuando ya no es feliz (especialmente si se sufre mucho ante una enfermedad o las limitaciones han llegado a ser un martirio) y quizá esa parte apoya un poco el comentario de Héctor Aguilar Carmín de que aquello fue “el último acto de su salvaje libertad”. Pero otra parte de mi me dice que ha sido un acto muy cobarde, que decidió tirar la toalla y con ello invalidar muchas cosas que decía y vivía. Se fue porque ya no era feliz y ese es el último sabor que me queda.

Estándar
Ciencia y tecnología, Libros

Sumar mentalmente

Ayer jugando con los números de unas entradas nos acordamos de esa historia de los 21 en los boletos del transporte público. Básicamente, si la suma de los dígitos de tu boleto sumaban 21, te ganabas un beso. A mi me salió el 26834. Cuando tengo que hacer estas operaciones siempre busco la manera de simplificar, por ejemplo en este caso veo que 8+2 suman 10 y que 6 + 4 también suman 10, así que ya llevo 20 y solo me falta sumarle 3. El total es 23.

Si por ejemplo tuviera el 44544, pues fácil, 4×4 = 16; 16 + 5 = 21. Y le platicaba esto a un amigo unos años menor que yo, pero como que se le hizo difícil y prefirió sumar todo en el orden que iba. No sé, a veces estas situaciones me sorprenden o me hacen pensar que de verdad estamos muy mal en la educación.

Y aquí va otro truco. Felicidades si ya lo conocen y si no, espero no deserten tan fácil. Fue en un libro de Alberto Coto donde leí del método de sumar mentalmente comenzando de izquierda a derecha y de las bondades que tenía. Quiero resaltar que me refiero a situaciones donde no tenemos papel ni lápiz para efectuar una operación.

Supongamos que deseo sumar 392 + 456 + 564 con el método tradicional de derecha a izquierda mentalmente. Estos serían los pasos:

  1. 2+6+4 = 12, tenemos el 2 que hay que memorizar y el 1 que llevamos como acarreo a la siguiente suma.
  2. 9+5+6 = 20 le sumo el 1 del acarreo anterior y nos da 21, debo recordar ahora el 1 y el 2 de la operación anterior, es decir, 12 y llevarme el 2 como acarreo para la siguiente suma.
  3. 3+4+5 = 12 más 2 de acarreo anterior nos da 14 y como ya no hay más dígitos tenemos 14 y el 12 lo que forma el 1412.

 

wp-image-973223720jpg.jpg

Método tradicional de derecha a izquierda

El método de izquierda a derecha casi parece igual pero sobre el cálculo notaremos algunas ventajas. Describo los pasos comenzando con los dígitos más a la izquierda:

  1. 3+4+5 = 12, me quedo mentalmente con ese 12.
  2. 9+5+6 = 20, tomo el 2, que es el acarreo y lo sumo al 12 anterior, esto es 14. Tengo ahora 14 y 0.
  3. 2+6+4 = 12, tomo el 1 que es el acarreo y lo sumo al 0 anterior, esto es 1. Tengo finalmente 1412 que es el resultado final.

Si efectúa estos ejercicios mentalmente, notará que lo que tiene que recordar en el segundo método se reduce. Parece que también le da una ventaja a la memoria en vista de que cuando leemos una cifra lo hacemos comenzando desde la izquierda (1412 = Mil cuatrocientos doce) y este método ocupa el mismo orden.

Si analiza con más detenimiento, vera que el método es una variante de hacer lo siguiente, si por ejemplo tiene que sumar 456 + 345. Puede descomponer la suma como 456 + 300 = 756; 756 + 40 = 796; 796 + 5 = 801 porque efectivamente 345 = 300 + 40 +5. Este hecho nos lleva a mi ventaja favorita de este método, en especial si se trata de magnitudes que representan dinero. Si ocupa este método los errores se minimizan.

Imagine que acude a una tienda y tiene que pagar por 3 productos las siguientes cantidades: $345.50 + $467.00 + $45.00. Si usted toma los primeros dígitos de cada número, las centenas, que en este caso son el 3 y el 4 (el precio de $45.05 no tiene centenas) el resultado será 7, esto de entrada le dice que su cuenta debe superar los $700 pesos. Si suma ahora las decenas: 4+6+4 = 14 y ajusta con el 7 que calculó en el paso anterior, tiene 84, es decir, su suma asciende a más de $840 pesos. Conforme va haciendo el siguiente paso la suma se va definiendo hasta quedar completa, pero si decide parar aquí, al menos usted ya tiene una idea de cuánto espera que le vayan a cobrar y como podrá ver, es mejor equivocarse con los centavos que con los cientos. Así que comience sumando los dígitos más grandes, es decir, los de la izquierda. Si por ejemplo, en este caso, el tendero le cobra más de $900 pesos usted ya podría prender la alarma de que algo no anda bien. Si por el contrario, usted inicia sumando los centavos, tendrá que concluir la operación para que esta le arroje un valor realmente útil.

Si ha llegado hasta aquí, felicidades. Y si no sabias de este método, te invito a usarlo la próxima vez que tengas que hacer una suma mental.

Estándar
Arte, Blogs, Ciencia y tecnología, Computacion, Libros

El Artesano

artesanos

Otro post desempolvado del 2013. Este libro también fue una recomendación de Isaac (@rugi). El autor es Richard Sennett, un sociólogo estadounidense (quien por cierto tuvo entre sus profesores a Hannah Arendt) y forma parte de una trilogía aún incompleta sobre el trabajo y la sociedad, o más concretamente del “Homo Faber“, el hombre que fabrica, que usa herramientas.

La revolución industrial del siglo XVIII supuso un parteaguas en todos sentidos. Uno de ellos significó el desplazamiento de los artesanos, personas que practicaban diversos oficios pero siempre caracterizados por su trabajo manual y que a base de años y práctica se volvían expertos. Aunque no se extinguieron, quedaron relegados a aquellas actividades donde el trabajo manual no fue sustituible o bien le aportaba aún cierto valor al producto final.

Sennett analiza con detalle y revindica la vida de estos personajes para rescatar importantes lecciones que parecen indispensables en el mundo laboral ajetreado y con frecuencia, tan vacío, que vivimos hoy. Para empezar nos recuerda que la labor de estos trabajadores se encontraba en un punto intermedio entre el trabajo mecanizado que realiza un obrero y el artístico o creativo que efectuaba un artista. Para Sennett la artesanía, o su cultura, se puede ejerce en cualquier trabajo cuando es impulsado por la calidad, por el deseo de hacer bien una tarea.

Pero para saber cómo conseguir esa motivación tenemos que regresar a la figura del artesano. El artesano, a semejanza del artista, disfruta y se apasiona moldeando una pieza, le imprime su sello personal y trabaja con cierta libertad e independencia. De igual forma, el trabajador actual necesita un impulso semejante y si no existe, debe reconsiderar su situación. Necesitamos de igual forma construir más ambientes laborales que estén en la posibilidad de ofrecer estos motores a las personas. La gente necesita trabajar por un tema de autoestima, más allá del dinero.

Este concepto de artesano se esta extendiendo a varias profesiones hoy en día. Entre las más evidentes esta efectivamente el desarrollo del software, basta con googlear “Software craftsmanship” para darse una idea. Es curioso, sin embargo, que por varios años se ha venido utilizando este término de manera un tanto despectiva para referirse al trabajo a veces mal hecho, lleno de parches o muy alejado de cierta metodología de desarrollo. El nuevo enfoque reconoce un hecho que siempre ha estado a la vista: no hay dos códigos iguales. El trabajo del programador es por lo tanto un trabajo único y con posibilidad de llevar un sello personal. Sin embargo, el concepto más relevante tiene que ver con desarrollar un producto de calidad. Semejante al artesano que no descansará hasta tener una pieza con la que este satisfecho. En México, uno de estos movimientos lo impulsó Domingo (@domix) y se puede leer más en el blog de Artesanos de Software.

Aunque el libro da para más consideraciones, me gustaría concluir añadiendo que Sennett también reflexiona sobre nuestro futuro invadido de máquinas donde ser desplazado por ellas en nuestro trabajo sea una realidad. Para Sennett el asunto central no es ser o no desplazados, sino cómo ser más inteligentes en el modo en que usamos estas máquinas. La revolución industrial también puede verse como un triunfo del hombre al usar sus herramientas. Somos “homo fabers” y depende de nosotros repensar cómo podemos usar las máquinas, como prótesis, como herramientas, como ayudas en vez de simplemente usarlas para que hagan para nosotros lo que nosotros no queremos hacer… ¿Cómo podemos ver esta tecnología como una amenaza? La amenaza está dentro de nosotros mismos.

Estándar
Arte, Libros

Fanzines, Libros de Artista y Libros Objeto

Este es un borrador antiguo que llevaba 4 años empolvado. La idea surgió luego de visitar el MUAC de la UNAM donde tenían una exposición que hablaba del libro como forma de arte. En aquel entonces, como hoy, la siguiente pregunta también me visitaba: ¿Desaparecerán los libros físicos?

A la par de todo esto, en La Condesa sucedía un fenómeno curioso. Después de tener al menos unos 5 periódicos gratuitos, comenzaron a hacer su aparición publicaciones, revistas principalmente, igualmente gratuitas que abordaban variedad de temas, la cultura más que nada (abarcando el teatro, el cine, la música, la fotografía y hasta la poesía) pero también podías encontrar de política y hasta de gastronomía. Aunque la mayoría de estas publicaciones tenían su versión electrónica y podían consultarse o descargarse en Internet, resultaba curiosa la ‘necesidad’ de imprimirlas.

Una de mis favoritas era la ERRR Magazine, una revista que traía fotos y poesía amateur, por lo general bastante malos. Lo interesante era la revista como tal. Para empezar venía en una bolsita de papel acompañada de pegatinas, pines y a veces un Sharpie.  Si a eso añadimos sus gruesas hojas con amplios márgenes, parecía una invitación a rayar, modificar la revista.

ERRR-16_001-1024x6821-652x434

Así fue como descubrí las fanzine,  contracción de  fan’s magazine o en español, revista para fanáticos. Por lo general se trata de revistas escritas por y para los aficionados de un tema, desde la literatura, pasando por el cómic, hasta la pornografía. Con frecuencia los temas caen en lo que se denomina contracultura y por ello en ocasiones pueden estar rodeadas de cierto grado de secretismo. Además de que su tirada no suele ser grande y los gastos de producción deben de mantenerse al mínimo debido a los bajos ingresos de dinero. Si bien no son publicaciones profesionales, los que escriben si pueden ser verdaderos apasionados especialistas en la materia y con pocas restricciones editoriales.

El Fanzine, Taller, Yaconic, FILTER son algunas de las que me tocó conocer. Como podrán imaginarse, varias de estas publicaciones tienen un periodo de vida muy corto, aunque gracias al Internet algunas de ellas sobreviven al menos como páginas en Facebook.

Del MUAC también descubrí el libro de artista,  o cuaderno de artista. Seguramente varios de nosotros en algún momento decidimos hacernos de una libreta, las Moleskine son todo un clásico aunque nada barato, para anotar ideas, bocetos y dibujos, ciertos apuntes personales o hasta collages. Esto vendría a ser el comienzo de un libro así. Sería difícil establecer un límite estricto entre lo que es y no es un libro de artista, sin embargo lo que quiero aquí resaltar es el hecho de cómo el libro en sí, y por consecuencia los materiales, las intervenciones, comienzan a tomar cierto protagonismo mientras que la escritura, aunque persiste, comienza a adoptar un segundo plano.

Aunque, dadas las circunstancias, la palabra ‘cuaderno’ resulte más adecuada que ‘libro’, valdría la pena añadir que sí existen los libros de artista en el completo sentido de la palabra. Por ejemplo, algunos libros editados han sido intervenidos por artistas y se han convertido en ejemplares únicos. Otros cuadernos son tan buenos que se han reproducido íntegros, algo así como sacarle fotocopias al cuaderno, para ser vendidos.

Evru_BookSovist_BirdAfrica.mov6

 

El último nivel en este recorrido lo constituyen los libros objeto. En estos, la escritura y hasta el libro han cedido por completo para dar paso a una obra tridimensional. El libro, ha sido intervenido para transmitir una propuesta artística. Nuevamente repito, estamos entrando a niveles subjetivos y en momentos puede resultar difícil establecer dónde se encuentra la división si es que en realidad existe.

escalada

Regresando al punto inicial y a la pregunta ¿Desaparecerán los libros físicos? Al menos desde esta óptica parece poco probable que suceda. En sus adentros, esta fusión de arte y escritura nos sigue recordando que hay una parte sensorial que los libros nos siguen ofreciendo y que disfrutamos mucho. Y mientras el mundo virtual no pueda ofrecernos esa experiencia los libros físicos tendrán un razón de ser.

Si se han quedado con las ganas de saber un poco más sobre libros de artista y libros objeto les dejo el siguiente artículo.

Estándar