My life, Relatos

Sueños: Pavo

Te soñé a ti, Pavo, así flaquito, con tu pantalón de mezclilla azul y tus manos en los bolsillos, con tu camisa cuadrada, tus lentes negros y redondos y tus cabellos relamidos con gel. Llegaste a la casa mientras yo estaba en aquel cuarto lleno de cachivaches y unos sillones que improvisaban la sala a la que bañaba una deprimente luz amarilla. Adentro, sentados, estaba la familia A. Había venido a desahogarse y yo, como ya es costumbre, ejercía mi profesión de psicólogo frustrado.

Josué, sentado, con los brazos apoyados en sus piernas y la cabeza agachada le pedía disculpas a su esposa Julia y a Diana su hija, por cómo se sentía últimamente y su actitud de derrotado ante la vida. Ellas escuchaban, igualmente cabizbajas y con las manos frotando sus ojos para intentar contener las lágrimas. Yo estaba sentado al lado de Josué, ellas ocupaban cada una un sillón diferente. Afuera en el patio jugaba Cristi, la hija de Diana de unos 6 años de edad. Caminaba explorando los rincones de la casa mientras balbuceaba algún tipo de canción.

Tú llegaste, Pavo, y mi padre te hizo pasar, te indicó dónde estaba y te encaminó hacia el cuarto sin siquiera consultar si se podía. Yo te alcancé a ver antes de llegar a la entrada del cuarto y mostré en mi rostro una breve sonrisa. Raro en ti, aquella sonrisa peculiar, tan tuya y que daba por sentado no apareció, en su lugar hubo una risa mínima y de inmediato agachaste la cabeza. Era claro que algo había pasado y me hubiera encantado atenderte al momento pero dejar a aquella familia en ese momento habría sido más que grosero. Por eso en cuanto entraste a la habitación levante la mano haciéndote la seña que vinieras y luego palmeé el  lado derecho del sillón para que te sentaras junto a mi. Una vez sentado, te extendí la mano para saludarte y tu accediste.

El tiempo ahora parecía correr más lento, o quizá igual pero con un sabor a desesperación. Tú te relajaste y extendiste tus piernas mientras tu espalda se resbalaba para formar un triángulo con el sillón y tú cabeza apuntaba hacia el techo. Ni siquiera prestabas atención a la conversación pues tu único interés parecía ser cuándo iba a terminar. Y de pronto te pusiste de pie sin decir nada y caminaste rumbo al patio.

Diana salió al oír silencio, estábamos tan absortos que no lo habíamos notado. En el patio el nombre de Cristi se pronunciaba con un tono cada vez de mayor desesperación. Me levanté de inmediato para buscar a mis papás. Ni tú ni Cristi se veían por algún lado. Mis padres salieron completamente ignorantes de la situación. No sabían nada y no habían despedido a nadie. La familia A entraba en pánico y a mi me invadía una extraña sensación de miedo y culpa mezclada con coraje.

¡Maldito Pavo, te habías llevado a Cristi!

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Entretenimiento, My life

13 Reasons Why

– Yo tanto que le digo a la flaquita que no me lleve y ellos que hasta van a buscarla.

Hace casi tres semanas, mientras comía unas quesadillas (sin queso) en un puesto de la colonia, escuchaba la plática del momento con algunos eventos de la localidad. Una señora ahí presente venía de un entierro muy particular: un chico de 15 o 16 años que se había suicidado. La ‘doña de las quecas’ pronunciaba las palabras con las que comencé esta entrada.

Con el pasar de los días me enteré de otros detalles: su nombre, que al parecer tenía muchos problemas familiares y que era un buen amigo del hijo de una conocida. Incluso se hablaba de otro caso parecido en la colonia pero no pude confirmarlo. De cualquier forma quitarse la vida no deja de ser un hecho trágico y lamentable que retumba en lo más profundo de nuestra sociedad y nos embarga de culpas, y más cuando se trata de adolescentes.

Por trece razones

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Este suceso coincidió en vida con el momento en que veía 13 Reasons Why, la polémica serie de Netflix de la que ya se ha dicho mucho y tampoco planeo agregar nada nuevo. Hannah Baker, una joven estudiante de preparatoria, se ha suicidado no sin antes dejar su testimonio en 13 grabaciones en casetes (7 en total, una grabación por lado) explicando las razones que la han llevado a tomar dicha decisión. Cada lado va dedicado a una persona, una razón, un culpable.

Personalmente quedé muy satisfecho con la serie. Su formato que brinca entre presente y pasado y el suspenso que convierte a cada cinta en una pieza del rompecabezas resultó infalible para atraparme. La música y el variopinto de los personajes deja en mi una serie que no me importaría volver a repetir. Sin embargo, mientras veía esta serie de corte juvenil, la pregunta que me hacía era “¿Es realmente para los jóvenes?“.

Para empezar, Hannah esta (estaba) mal. La prueba más contundente es lo que pasa después de su muerte, lo que el espectador ve, donde queda claro que había una salida. Siempre la hay. Y que su partida solo ha dejado algo peor. Eso es lo que vi yo a mis 36 años ¿Pero llega a esa misma conclusión el adolescente? La cuestión se ha convertido en uno de los asuntos más discutidos de la serie. Aunque el material extra (“Beyond the reasons”) explica que el trabajo contó con el auxilio de psicólogos y especialistas y lo han acompañado de una campaña anti-suicidio, varias voces advierten que el efecto en los jóvenes pudiera ser exactamente lo contrario: la glorificación del suicidio y la idea de que es necesario un sacrificio de tal magnitud para ser oídos. La conclusión es, si al joven se le permite verla, la supervisión no esta por demás. Y por supuesto, no crea que una serie va a hacer el trabajo que a usted como padre le corresponde.

Hay una escena al comienzo donde vemos cómo una inocente fotografía se filtra en toda la escuela, en otra aparece un listados que incluye nombres catalogando los mejores atributos de las chicas incluyendo la del mejor trasero. Estos ejemplos me recuerdan una frase a la que seguido recurrimos los adultos: “sé lo que estas pasando, yo también fui joven”. Realmente no. El mundo de los jóvenes de hoy es muy diferente y posiblemente más complejo que el que vivimos nosotros. Usted no vivió en una época donde todos llevaban celulares a la escuela y donde algo puede hacerse tan viral y devastador en cuestión de minutos. El hecho de que Hannah utilice cintas es su forma de mostrar esa inconformidad con el mundo tan tecnológico y escaso de privacidad que vivimos. Quizá usted se defendió de la violencia escolar ‘rifándose un tiro’ a la salida de la escuela, su hijo quizá no pueda librarla igual si su oponente trae un arma, algo por desgracia cada vez más común. Los tiempos han cambiado.

Una historia demasiado personal

Hola. Quiero decirle que lo quiero mucho y que a lo mejor ya nunca nos volvemos a ver …

Quiero concluir con una experiencia personal que tuve esta semana y que es al final de cuentas la mayor razón por la que decidí crear esta entrada. En vista de lo íntimo que es para mi y el apreció que le tengo a todos los implicados, omitiré la mayoría de los detalles. Desahogarme quizá sea la razón de ponerla por escrito.

Esta semana un buen amigo joven se intentó suicidar. A pocos segundos de hacerlo me llamó al celular para despedirse y decirme, en parte, las palabras que cité arriba y que sin duda no podré olvidar en mucho rato. Me invadió un dolor terrible y sentí cómo mis piernas se querían doblar. Tratando de mantener la calma le pedí que desistiera y que me dijera por favor dónde estaba. No logré disuadirlo. Hoy esta vivo por un verdadero milagro y de la manera más literalmente, un minuto ha hecho la diferencia. Un minuto más y él ya no estaría aquí. Y claro, yo estaría devastado. Me parece tan irreal.

Hoy celebro que esta vivo y tiene una segunda oportunidad. Ya se esta atendiendo y quiero creer que lo peor ya pasó. Ya he podido platicar con él y se esta abriendo bastante bien. “Gracias por haberme llamado ese día”, le dije, “Nunca dejes de hablarme”.

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Lo que pienso, My life

4:20 36

4:20 36 y es lo hoy menos me importa. Porque solo a dos días me estrujaste el corazón con una triste noticia. Me inundaste el pensamiento con preguntas, culpas y hubieras. El daño ya esta hecho, daría lo que fuera por cambiarlo pero no puedo y ahora solo queda dejar al equipo de rescate y creer que no todo esta perdido. Como sea, un buen número de planes se han ido a la basura. Te veo ahí, joven, tonto e inmaduro imaginando que todo será fácil, la justa actitud que revela que no sabes una pizca de lo que se avecina.

Y aún así, no dejo de tener esperanza. Hay que seguir no importa cómo. Al menos ya le voy agarrando el modo. No sé si todas las alegrías que me habías dado serán suficientes para superar lo que viene. Ahora vas solo, ya poco puedo hacer por ti. Te sigo queriendo mi hermanito menor. Quieran las circunstancias que puedas hacer frente a todas las adversidades.

Para ti A.

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Libros, Lo que pienso

Luis González de Alba 

Luis González de Alba llegó a mi en el año 2000 por “El burro de Sancho y el gato de Schrödinger”, un libro que hablaba de ciencia y aún hoy es de mis favoritos. Él no era ningún físico o astrónomo, de hecho su carrera fue de psicología y toda su vida se arrepintió de no haber elegido las ciencias. Sin embargo, siempre conservó el gusto de la lectura científica y con frecuencia escribió sobre ella en libros y periódicos. Su estilo alejado del lenguaje técnico conseguía una lectura amena y digerible.

Fue hasta ese momento que conocí la otra parte de su historia, la más famosa, como dirigente del movimiento estudiantil de 1968. Leí un par de artículos en Internet pero no le dediqué mucho tiempo a esa parte, más bien, me enfrasqué en conseguir otro de sus libros: “Los derechos de los malos y la angustia de Kepler”. De este libro me interesaba su divulgación científica y la defensa de la homosexualidad, pero curiosamente me terminó gustando más por desmontar los mitos de la conquista de México y por su crítica al indigenismo, ambas partes abordadas en la sección “Las mentiras de mis maestros” que después sería incluso publicada por separado. De todos estos temas escribí algunas entradas.

Con el paso de los años le seguí la huella en uno que otro texto que escribía en periódicos y luego finalmente lo encontré y seguí en Facebook donde lo amé y odié por igual. No se andaba con medias tintas y continuamente estallaba ante la crítica. Aunque le tiraba a todos los partidos por igual incluyendo al PRI y al presidente, a veces parecía estar demasiado alineado con estos últimos, ofreciendo justificaciones y fue siempre criticado por ello. El Islam le parecía detestable en cualquiera de sus formas mientras que defendía el judaísmo e Israel (ignoro si creía en algún tipo de divinidad, yo siempre lo leí ateo aunque muy fan de la cultura judía y griega). Mantuvo un eterno conflicto con Elena Poniatowska desde que la acusó de tergiversar texto de “Los días y los años” en la novela de “La noche de Tlatelolco”. En los comentarios de los últimos años también abundaba la desacreditación al movimiento de los 43 de Ayotzinapa y sus solicitudes para que se diera la medalla Belisario Domínguez a el empleado Gonzálo Rivas Cámara que murió a consecuencia de las quemaduras que sufrió intentando apagar un incendio provocado por las protestas de  estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. A veces podías no estar de acuerdo, pero siempre me parecía una lectura obligada para ver los temas desde otra perspectiva.

El día de ayer se fue súbitamente a sus 72 años. Sorpresivo para mí pero para unos pocos se trataba de un suceso anunciado. Las últimas entradas y su publicación en Milenio (escrita con 2 meses de anticipación) tenían un olor a despedida. La coincidencia de su muerte con el 2 de octubre levantaba la sospecha que horas después se confirmaría: suicidio por un disparo en el tórax. La última entrada en Facebook y Twitter alude al Salmo 71 (“Oración de un anciano”) y la frase “No me abandones”. ¿Se estaba arrepintiendo? ¿le pesaba la vejez y la añoranza de su juventud? Una parte de mi cree que uno debe irse cuando ya no es feliz (especialmente si se sufre mucho ante una enfermedad o las limitaciones han llegado a ser un martirio) y quizá esa parte apoya un poco el comentario de Héctor Aguilar Carmín de que aquello fue “el último acto de su salvaje libertad”. Pero otra parte de mi me dice que ha sido un acto muy cobarde, que decidió tirar la toalla y con ello invalidar muchas cosas que decía y vivía. Se fue porque ya no era feliz y ese es el último sabor que me queda.

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Lo que pienso, Sociedad

Una semana de desafortunados sucesos

Dice Alex Grijelmo que nos “juzgan los jueces, los árbitros […] Pero también las palabras”. El trabajador que defiende con fuerza sus convicciones profesionales puede para unos ser “tenaz” y para otros “testarudo”. Una misma realidad, diferentes palabras, diferente juicio. Esta semana ha sido el perfecto ejemplo.

La iniciamos con la inesperada muerte de Juan Gabriel a los 66 años. La magnitud de la noticia sirvió para distraer la atención del trending de hace dos semanas: el plagio en la tesis del presidente Enrique Peña Nieto. Quienes lo minimizan mantienen la postura de “el que este libre de pecado que arroje la primera piedra” y es que en este país “todos tenemos cola que nos pisen” y “o todos coludos o todos rabones”. En el otro extremo tenemos a los más indignados que consideran que el hecho no solo es suficiente para revocar su título, sino hasta para obligarle a renunciar a su cargo como mandatario a semejanza de lo que ha ocurrido en otros países. Me pregunto qué tanto cambiaría esa postura si el presidente tuviera un nivel de aprobación del 70% u 80% y no el veintitantos que se anunció hace unas semanas. Y es que aunque el plagio sin duda es un delito, no podemos ignorar que el hecho de que se trate de uno de los personajes más odiados de nuestro país tiene un gran peso al momento de adoptar cierta postura.

Carmen Aristegui ha hecho un buen trabajo pero dista mucho de ser la periodista imparcial y mucho menos perfecta. Quizá el día que escarbe con el mismo esmero en la vida de López Obrador, de quien hace poco se puso en tela de juicio su descuadrado 3 de 3, y a su partido MORENA, le hará un gran favor a los mexicanos para emitir juicios con la mente menos nublada; aunque difícilmente lo hará porque sería el suicidio de su carrera. Por lo mientras, y regresando al juego de palabras, lo que para la mayoría es “plagio” para la Presidencia son meros “errores de estilo” y para el presidente, según las palabras de ayer en su informe, “errores metodológicos”.

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Y en esas estábamos cuando el martes se armó otro lío con la columna de Nicolás Alvarado en Milenio. La frase que más caló en millones de mexicanos con los sentimientos a flor de piel fue: “Mi rechazo al trabajo de Juan Gabriel es […] clasista: me irritan sus lentejuelas no por jotas si no por nacas”. Aquel desafortunado y al parecer irresponsable comentario para el hasta ayer director general de TV UNAM desató una ola de fuertes críticas que lo llevaron a presentar su renuncia. De poco importó que en dicha columna el más grande de los párrafos aludiera al programa especial de Observatorio Cotidiano donde gente que el mismo Nicolás invitó se deshiciera en alabanzas al “Divo de Juárez” (recomiendo mucho escuchar el programa). Y es que a mi gusto hubiera sido realmente grave si su opinión personal se hubiera impuesto o se hubiera ofrecido como la visión de toda la comunidad que representa, cosa que no me parece que haya ocurrido. Tampoco importaron otras frases como en las que decía que dicha percepción era “su problema” y que “a Juanga le vengo guango”, o dicho de otro modo, que de poco valía lo que él pensara, quizá en ese sentido le hubiera venido mejor quedarse callado. Aunque no somos expertos en música, Yuri Vargas terminó dejando bastante en ridículo las acusaciones de que el cantante era un simple ‘letrista torpe y chambón’ y sus canciones más que solo “sintaxis forzada”.

Irónico y hasta sorpresivo que Nicolás se queje de las lentejuelas y las tache de “nacas” (corriente, de mal gusto) y “jotas” mientras su vestimenta extravagante que incluye un par de gafas con armazón blanco y sus modos afeminados fácilmente lo hacen caer en las mismas categorías que tanto desdeña. Regresamos al juego de palabras: “naco”, “jota”, “dandi”, “esnob”. Adelante, juzgue usted.

Pero posiblemente la más grave de estas palabras sea la de “clasista” que alude , según la RAE a la “diferencia de clase y discriminación por ese motivo”. Quizá por eso el CONAPRED ha solicitado la aplicación de medidas precautorias y hasta una disculpa pública. En lo personal, aunque admito que Nicolás Alvarado se equivocó, no puedo pasar por alto que después de lo ocurrido me queda también un mal sabor de boca en lo que tiene que ver con el derecho a disentir. Me duele pensar que para muchos la lección sencillamente será que tiene que gustar Juan Gabriel y no puedes hablar mal de él. ¿Hubiera podido Nicolás Alvarado decir lo mismo con otras palabras o de cualquier manera lo íbamos a echar a la hoguera?

Ese mismo martes por la tarde las redes sociales comenzaron de nuevo a hervir al revelarse que Donald Trump, el candidato republicano, venía a México por invitación del presidente. ¿En qué cabeza cabe? Es la pregunta que hasta el momento todos nos hacemos excepto la Presidencia de la República que ha defendido los supuestos beneficios de este acercamiento. Enrique Peña Nieto ha venido diciendo que solo tenía dos opciones: callar o enfrentarlo. Yo creo que tenía una tercera y era mejor: esperar hasta después de las elecciones. Entiendo y hasta cierto grado justifico desde una óptica diplomática que la postura de la Presidencia ante los comentarios de Trump haya sido muy blanda. Ante un escenario con Trump como presidente de los Estados Unidos se va a necesitar alguien con la cabeza muy fría y con la razón por arriba de los sentimientos.

De cualquier forma, la reunión Peña-Trump me parece un terrible e innecesario error que hiere profundamente la dignidad de los mexicanos. Peña Nieto no paró de decir que le dijo a Trump, en privado porque a nadie le consta, que los mexicanos no pagarían el muro y, de nuevo juego de palabras, que somos nosotros los que hemos “malinterpretado” sus dichos. Horas después, el candidato republicano se presentaba en Arizona diciendo “Vamos a construir el muro en la frontera … y México lo va a pagar, el 100%. Ellos no lo saben aún, pero lo van a pagar. Son personas increíbles y grandes líderes, pero van a pagar por el muro”. Así de claro ha dejado ver Trump que el mensaje de Enrique Peña, si es que realmente se lo dijo de frente, se lo pasa por los tanates. En Estados Unidos, según las estadísticas el viaje le ha favorecido a Trump dándole algunos puntos de ventaja. Otros destacan la hipocresía, el doble discurso que cambió el candidato en un par de horas, como un adelanto de lo que les espera a los que han depositado su confianza en él. Pero en México virtualmente todos nos sentimos indignados por dicho encuentro.

Y ya por último ayer, el informe de gobierno. Un mensaje que a nadie deja satisfecho, el presidente nos viene a contar maravillas de un país que nadie ve excepto él. El “nuevo” formato sigue siendo aburrido, en especial por ese discurso político lleno de labia que lo menos que ofrece son respuestas. Un auditorio lleno de jóvenes que a pocos nos sorprende que hayan sido filtrados y que la mayoría simpatice con el PRI; no iban a darse el lujo de perder el control. Pese a los elogios junto con las solicitudes de apoyo, me parece rescatable que hubo algunas preguntas buenas como la del plagio de la tesis y el asunto de los “gasolinazos”. Desgraciadamente el formato no incluye la réplica y hubo que conformarse con la versión del presidente que contenía mucha mucha paja. Culmina así una semana bastante triste.

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My life

Común y corriente

No escribí nada ayer y no tengo nada qué escribir hoy. Desde el domingo empecé de nuevo a sentirme mal: el estómago, los dolores de cabeza, algunas articulaciones y algo de cansancio. Hoy parece ya haber un progreso pero sin duda tendré que hacerme otros estudios. Sé que cuenta mucho, pero me cuesta mantener mi optimismo.

Quería escribir sobre algún libro, sobre los 117 años del natalicio de Borges, sobre algunos asuntos del veganismo. Igual he querido escribir sobre el show de Chelsea Handler que a veces amo y otras veces detesto pero igual lo veo porque forma parte de mi comida chatarra mental. Pero no tengo todas las ganas para hacerlo. Espero concretar algo antes de que termine la semana.

Ahh y maté un ratoncito que rondaba mis cuartos ya hace unos días 😦  Teníamos una ratonera pero no caía. Lo descubrí hoy en la mañana haciendo ruido en uno de los botes de basura de mi ‘oficina’ casera y lo maté con un maderazo que seguro le fracturó sus diminutos huesitos. Nunca me había tocado participar tan directamente. Ni modo.

Y eso es todo. ¡Saludos!

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