Ciencia y tecnología

Ovejas

—Es un carnero especial. Un carnero muy especial. Quiero encontrarlo y, para ello, necesito tu ayuda.

El pasado 22 de febrero, el día que terminaba de leer La Caza del Carnero Salvaje de Haruki Murakami, se cumplían 20 años del anuncio de la oveja Dolly, el primer mamífero clonado a partir de una célula adulta. En realidad, Dolly había ‘nacido’ el 5 de julio de 1996 pero hubo que esperar algunos meses para confirmar que el resultado había sido un éxito.

Un carnero muy especial

Antes de escribir un poco sobre Dolly y su clonación, les platicaré un poco de algunos detalles históricos interesantes que menciona Murakami sobre cómo llegaron las ovejas a Japón. Las ovejas domésticas se cree que surgieron en Mesopotamia y han acompañado a la humanidad ya por varios miles de años. A Japón, según se describe en la novela de Murakami, fueron introducidas durante la época Ansei (1854-1860). Antes de esa época la mayoría de los japoneses no habían visto jamás una oveja, pero parecer ser que gracias al zodiaco chino, el animal resultaba relativamente popular al menos en dibujo, aunque es probable que no estuvieran seguros exactamente de qué animal se trataba. Pese a los intentos gubernamentales que siguieron para tratar de impulsar las crianza de ovejas, estas nunca acabaron siendo relevantes y tampoco rentables. Al final la carne y la lana terminaron por importarse de otras naciones. Un extracto más:

Lo que quiero remarcar son dos puntos: que antes de los últimos años del sogunato Tokugawa*, en Japón no existía ni una sola oveja, y que, a partir de entonces, el Gobierno censó estrictamente cada oveja importada.

[…]

A eso hay que añadir que el linaje en las ovejas es tan importante como en los caballos de carreras, así que es fácil rastrear el origen de casi todas las ovejas que hay en Japón. O sea, son animales que están totalmente controlados. También se pueden comprobar todos los cruces de razas. No existe contrabando, porque no hay ningún curioso que se plantee introducir ovejas de forma ilegal en el país. En cuanto a las razas, prácticamente todas las que hay son southdown, merina, cotswold, oveja china, shropshire, corriedale, cheviot, romanov, frisona del este, border leicester, romney marsh, lincoln, dorset horn y suffolk.

Murakami, Haruki. La caza del carnero salvaje (Spanish Edition) (Kindle Locations 1606-1608). Grupo Planeta. Kindle Edition.

*El shogunato Tokugawa fue un gobierno militar en Japón que concluyó en 1867.

Estas curiosidades cobran sentido en la novela porque el argumento consiste en buscar un enigmático carnero con una mancha de nacimiento en forma de estrella y con un don muy especial. Al más puro estilo detectivesco, el animal se convierte en objeto del deseo y el descubrimiento en una carrera contra el tiempo. Puedes escuchar más detalles en este video de pjorge.

Otra oveja especial

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En la vida real, allá en 1997, la oveja Dolly también se convirtió en estrella y objeto del deseo cuando fue anunciada. El santo grial de la inmortalidad en forma de clones nunca antes había sonado tan real y la idea de llevarlo a cabo en seres humanos parecía tan solo cuestión de tiempo. Aquel clon era especial. Si bien desde 1958 John Gurdon ya había clonado ranas y en los años siguientes siguió una carpa, un ratón, vacas, cerdos, pollos y ovejas, lo que hizo relevante a Dolly fue el procedimiento: la Transferencia Nuclear de Células Somáticas (SCNT por sus siglas en inglés).

A diferencia de los métodos anteriores, la SCNT no usaba células embrionarias y tampoco material genético extra de otro animal. En su lugar solo requería de un óvulo joven (oocito) y una célula madura de cualquier tipo del animal a clonar. En el caso de Dolly, esta última célula, que suministró todo el material genético, provino del tejido glandular mamario de una oveja que ya ni siquiera estaba viva. Al óvulo se le extrae su núcleo y luego se le “engaña” insertándole otro núcleo que proviene de una célula adulta del animal que se va a clonar. Luego, a través de estímulos eléctricos se induce la división celular que resultará en la producción de un embrión con el 100% del mismo material genético que el animal original. Este óvulo activado se inserta por último en el útero de una oveja. Aunque platicado parezca fácil, no lo es. Dolly fue el intento número 277 del procedimiento. Repito, se estaba usando una célula diferenciada o especializada, es decir, que ya tenía asignado un papel como por ejemplo conformar tejido óseo, neuronal o muscular, para generar una copia idéntica del ser vivo original.

Un bache en el camino

Entre las muchas objeciones que surgieron respecto a la clonación, durante los siguientes años hubo una que particularmente generó mucho impacto: el cuerpo de Dolly se deterioró rápidamente y murió a los 6 años y medio, muy joven para su especie. De hecho, tuvo que ser sacrificada debido a que tenía cáncer pulmonar. No faltaron las voces que de inmediato proclamaron que aquello era un claro castigo divino ante el blasfemo intento de jugar a ser dioses.

El tiempo terminó dejando claro que el cáncer de Dolly estaba más conectado con una infección de un retrovirus que con su condición como clon. Otras ovejas, compañeras de Dolly en la misma manada pero gestadas de forma natural habían corrido el mismo trágico destino. Pero el envejecimiento prematuro era real y estaba de alguna manera conectado a la clonación. Parecía como si al utilizar el núcleo diferenciado de una célula de otro ser vivo, este portaba no solo la información genética del individuo original sino también su edad. Este curioso detalle parecía tener respaldo en los análisis que revelaron que los telómeros de Dolly estaban acortados. Los telómeros, los extremos de los cromosomas, no solo juegan un papel muy importante en la división celular sino que también parecen limitarla a manera de un “reloj biológico”. Aquí una explicación más detallada.

Sin embargo, en los años posteriores a la clonación de Dolly se efectuaron más clonaciones siguiendo el mismo procedimiento que arrojaron resultados confusos. Algunos revelaron que las clonaciones podían producir animales tan saludables como los gestados de forma natural. Tal fue el caso de otros clones de Dolly que se produjeron utilizando el mismo material genético. Hasta julio de 2016, cuatro de estas ovejas habían completado los 9 años de edad en perfecto estado. Otros estudios, por otro lado, siguieron revelando signos de envejecimiento prematuro muy ligados al acortamiento de los telómeros. Algunos incluso sugieren que el acortamiento puede estar ligado al tipo de tejido celular que se utilice para la clonación. ¿Cómo asegurar entonces una clonación donde el reloj biológico también se reinicie? No existe un respuesta aún definitiva. Como afirma el profesor José Cibelli, “parece existir un mecanismo natural incorporado a los óvulos que es capaz de rejuvenecer una célula. Todavía no sabemos qué es, pero está ahí”.

Los estudios no han terminado y aún hay destellos de iluminación. Por ejemplo, a la par de la clonación, están las investigaciones respecto a las células madre. Estas células aún no están diferenciadas y se les llama pluripotentes porque tienen el potencial de generar cualquier otro tejido. El tremendo interés en ellas se debe a su potencial en la medicina, pues ofrecen la posibilidad de ser utilizarlas para regenerar y reparar tejidos. Pues bien, en 2006 un grupo encabezado por el doctor Shin’ya Yamanaka logró reprogramar células ya diferenciadas para convertirse en células madre pluripotenciales. Esto resultó en gran alivio para la comunidad científica pues anteriormente la mayoría de la “materia prima” para obtener células madre provenían de un solo lugar: los embriones. Las implicaciones éticas y la controversia generada obviamente eran enormes. Para conseguir “inducir” la pluripotencia en estas células diferenciadas, Yamanaka se valió de 4 genes que se toman de una célula madre y que ayudan a des-diferenciar las celulas. ¿Qué tiene que ver esto con la clonación? Pues que según los estudios más recientes, este procedimiento no reinicia el reloj biológico a nivel celular. Algo falta todavía. A 20 años de Dolly aún seguimos en la apasionante búsqueda.

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Código 46 – Code 46

“Si tuvieramos la información suficiente para predecir las consecuencias de nuestras acciones ¿te gustaría saberla? ¿Si hubieras besado a aquella chica, si hubieras hablado con ese hombre, si tomas ese trabajo, si te casas con esa mujer, o robas ese papel? ¿Si supiéramos lo que sucedería en el final, seríamos capaces de dar el primer paso, de hacer el primer movimiento?”

María

En el futuro las personas no pueden viajar sin un seguro especial de viaje y sin pasar estrictos controles de seguridad. William Gled (Tim Robbins) es un hombre casado e inspector de seguros enviado a Shanghai a la compañía “La Esfinge” que es una de las que se dedica a generar este tipo de seguros de viaje y donde tendrá que investigar un caso de estafa. Ahi conocerá a María González (Samantha Morton) una empleada que resulta ser la implicada en el fraude pero de la cual se terminará enamorando. William decide encubrirla sin contar que solo es cuestón de tiempo para que la autoridad se de cuenta y decida ir tras ellos.
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